A veces, incomprensiblemente, el ser humano actúa inconscientemente, siguiendo pautas, por inercia. Una de las cuestiones que más perversamente mal interpretamos es la noción del «¿Por qué?»

En numerosas ocasiones en nuestra vida nos obsesionamos con eliminar «los efectos»  de nuestras vidas, especialmente cuando son dolorosos, no los aceptamos o nos disgustan. Somos expertos en camuflar los síntomas, en disimular las carencias o los excesos. A veces atajamos de cuajo los efectos sin por un momento llegar a cuestionarnos el «porqué» de esa situación actual que vino.

Podemos extrapolarlo a todos los niveles. No solo físicos aunque muchas veces son los que más nos llaman la atención pues seguimos priorizando en demasía lo externo, las capas de fuera, sin profundizar en otros aspectos invisibles pero que rigen nuestras vidas y por tanto son vitales.

Pensamos que atajando los síntomas, es decir, buscando una solución provisional, inmediata aunque superficial, ya hemos acabado con nuestro problema. Sin embargo, si no nos adentramos en el «porqué», si no trabajamos el conocer y averiguar la causa raíz de nuestra distorsión o desequilibrio que nos provoca el mal, vamos a estar maquillando y alargando indefinidamente nuestro problema, incapaces de comprender nuestra realidad sin enfrentarnos cara a cara a a conocer la verdad y por tanto sin tomar conciencia ni tener oportunidad de actuar de forma diferente en el presente para rectificar y redirigir nuestro futuro.

Trabajar el «porqué», conocer las causas nos va a llevar a revivir una revisión de vida que nos va a ayudar a poner en orden a nosotros mismos y a encontrar el verdadero sentido de lo que hacemos.

En realidad cualquier actividad en todos los ámbitos debería tener su espacio para la valoración, pero no solo centrados en los resultados, sino también en el modo que se ha llevado a cabo descubriendo las causas del porqué nos hemos conducido en un resultado o síntoma u otro.  Entendiendo que no es el azar que dirige nuestras vidas sino que hay unos porqués, unas razones, una toma de decisiones conscientes o inconscientes que nos llevan a ser quienes somos.

Si todos dedicásemos un momento al finalizar el día a la introspección, a revisar que hemos vivido, como nos hemos enfrentado a las situaciones, como hemos reaccionado, seguramente podríamos plantearnos un nuevo día con una perspectiva más clara de nuestro camino.

No te estanques en la excusa de los porqués del pasado.

Por otro lado, encontramos un nada desdeñable grupo de personas que solo miran hacia atrás en busca de una causa que explique todos sus males, un porqué milagroso que les sirva de excusa para no tener que enfrentarse a su toma de decisiones futuras. Una especie de causa determinista que les hace ser quienes son, así con ciertos perfiles, herramientas a priori útiles como pueden ser las regresiones se convierten en una adicción sin límite para hundirse en las entrañas del pasado que impide abrir los ojos y mirar quienes somos hoy y el poder que yace en nosotros mismos para cambiar aquello que no nos satisface en nuestras vidas.

De nuevo evitamos  el trabajo personal esperando una respuesta mágica con la que o bien justificar nuestra desastrosa vida llena de síntomas que nos indican nuestra propia anomalía y con en ello nuestra inacción pues «nada voy a poder cambiar» o bien seguimos esperando una respuesta mágica que nos diga que debemos hacer para que por arte de magia, y espontáneamente, todo cambie para bien.

Nada es de repente. Todo requiere un desarrollo, un trabajo, un mimo, un recorrer y un devenir.

Si no somos capaces  de enfrentarnos a nuestras propias sombras en forma de hábitos, de creencias, de acciones autómatas, si no somos capaces de cuestionarnos aquello que nos afecta directamente, de analizar lo que nos influye, ni como nos sentimos, si no somos buscadores de nuestros porqués, es decir de la verdad, nos estamos negando el conocimiento de nosotros mismos y de desarrollar sabiduría vital que no es otra cosa que  experimentar, comprender y crear con plenitud y sentido en nuestra propia realidad.

Con conocimiento profundo seremos capaces de cambiar los síntomas que nos disgustan por los frutos que alimentan nuestras vidas. Todos son efectos de nuestras causas.

Ponte en marcha con el sano ejercicio de revisar los «porqués» de tu vida y evolucionar a partir de su comprensión.

Técnica de los 5 porqués.

A continuación os exponemos una sencilla técnica de resolución de problemas que se utiliza para detectar la causa raíz.

La técnica de los 5 porqués consiste en ante cualquier problema realizar la pregunta: “¿Por qué?” La respuesta al primer “porqué” va a generar otro “porqué”, la respuesta al segundo “porqué” te pedirá otro y así sucesivamente, de ahí el nombre de la técnica de los 5 porqués.

La técnica es muy sencilla, no tiene gran dificultad, es una herramienta fácil y muchas veces eficaz para descubrir la raíz de un problema. Ya que es simple, se puede adaptar de forma rápida y aplicarla siempre que sea necesario

Cuando se busca resolver un problema, comienza con el resultado final de la situación que quieres analizar y trabaja hacia atrás (hacia la raíz), pregunta de manera continua: “¿Por qué?”. Repite una y otra vez la pregunta hasta que la causa raíz del problema se hace evidente.

Ante la búsqueda de la causa raíz de un problema o un efecto que se repite en tu vida, te recomendamos que te pongas en modo Sentir, que actives tu Radar Chamán para que las respuestas salgan de la profundidad de tu Ser y no te boicotees con el autoengaño como medio de autoprotección.

No obstante debes tener en cuenta que si no obtienes una respuesta profunda de manera rápida y fluida, es posible que te estés boicoteando. Si tienes dificultades, puedes hacer una sesión de coaching que te puede ser de ayuda para desbloquear las barreras que te protegen ante una posible dura y desagradable verdad  que se esconde en tus profundidades pero que finalmente será liberadora.

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