La buena intención no basta. Así de tajante.

Tenemos tendencia a aceptar como un atenuante que a quién actúe desde la buena intención se le quite responsabilidad si con su obra hace algo dañino o perjudicial, como quitando hierro. El mal está hecho, sí o sí.

Y si bien es lícito, es un primer paso positivo, tener buenas intenciones, la Vida no trata de eso. Se trata de hacer el bien.

Toda nuestra buena intención se diluye si el resultado de nuestras acciones resultan un mal.

La buena intención, pues, no basta. Ha de ir acompañada de la conciencia, en un aprendizaje y en una rectificación si es necesario, con Alma, que nos ayude a implantar obras correctas.

La buena intención ha de ir al compás de la moralidad, de la Verdad y del Buen Hacer.

Evidentemente, podemos perdonar aquellas personas que sin una mala intención pero por desconocimiento o irreflexión nos hayan provocado un mal, siempre que pasen por la fase del Arrepentimiento Consciente y rehagan su camino, invirtiendo sus «buenas intenciones» en la vía correcta y puedan resarcir el mal cometido. Ya no son tiempos de «buenismos» que quiten hierro y responsabilidad de los que actúan desde la ignorancia, que no es otra cosa que la inconsciencia, aunque pongan todo su corazón en ello, si están obrando mal, si se alejan o no quieren ver la Verdad.

Es tiempo de ser consciente.
Es tiempo de equilibrio y coherencia.

Y no hay mayor incoherencia que la de alguien que «bienintencionadamente» se dedica a dañar a los demás, a hacer malas obras, a servir de manera indirecta al mal.

Así que ayuda a despertar a estos corazones que pueden dar tanto amor y energía. Ayúdalos a volver a Sentir.
Ayúdalos a alinearse con la Verdad.
No los justifiques más y no los dejes justificarse a ellos en sus despropósitos.

Si alguien, por desconocimiento, te prepara con toda su buena intención una infusión de manzanilla a la que resulta que eres alérgico y te sienta fatal, ¿Qué hará esa persona? ¿Se quedará en la justificación después cuando los resultados nefastos salgan a la luz con el «yo no lo sabía»?¿O aprenderá del momento e incluirá ese conocimiento que no tenía para obrar correctamente en el futuro? Incluso, ¿se dará cuenta que ya le habías advertido sobre el tema y no te hizo caso porque su creencia de hacer algo bueno había anulado la Verdad?

Es un ejemplo, tonto, simple, rebuscado. Quizás en los momentos presentes se podrían poner otros ejemplos mejores, pues muchas personas están ciegas, hacen oídos sordos y se cierran a conocer la Verdad cuando hay muchas evidencias para pararnos y reflexionar y decidir actuar y aportar toda nuestra buena intención en alineación con la elección del bien.

No se puede permitir que el trance, la inconsciencia colectiva, guíe los pasos del mundo. Es el momento de abrir los corazones a la valentía de reconocer la Verdad y que nuestras obras estén en coherencia con el SENTIR que nos hace destapar la mentira y nos lleva a acercarnos a la Verdad.

Si esperamos que toda la gente que duerme, que es inconsciente, se de cuenta por los resultados, por las consecuencias de sus acciones, que han obrado mal, será demasiado tarde para esta sociedad.

Los hay que ya empiezan a ver y encima en lugar de ponerse a corregir y resarcir sus malas obras, se recrean en el estado de víctimas, quitándose responsabilidad. Como si encima el apaleador hubiese sido el más perjudicado.

No consintamos. Seamos implacables con nuestro pilar masculino de la defensa. La defensa es de nosotros mismos, de la Verdad y de la Vida futura.

Así que si tú, que pones toda tu buena intención si ves un resquicio de incoherencia, de rechazo en el receptor de tu obra, o en ti mismo, si intuyes que algo no va: Párate. Siente. Reflexiona. Rectifica.

Si sufres porque, con toda tu buena intención, no abrazas al abuelo por miedo al contagiarlo, ¡ya tienes el aviso! tu alma te está diciendo que hay algo contra-natura, ya que lo estás haciendo por miedo.

Si sufres porque tu nieto no puede ver tu sonrisa con el bozal o porque no puedes ver a tu hermano «no vacunado» (un pura sangre humano), o tantas otras cosas,… ¿Qué hay ahí?

Todo lo que haces o dejes de hacer, quizás por «buenismo» con una teórica buena intención, pero que por el desconocimiento, ignorancia, inconsciencia te están llevando a obrar mal, a pesar de hacer lo que se considera normativo y «correcto» todo ello cuenta para la Ley Natural.

Las consecuencias para todo será el fruto de lo que estés sembrando.

Si con toda tu buena intención por desconocimiento tiras agua que tiene lejía al árbol, ese árbol morirá. Ojala te de tiempo de aprender la lección para no aniquilar el bosque. Y ojalá siga habiendo más árboles. Y explicamos este ejemplo porque nos ha pasado a nosotros.

Hay que estar presentes y atentos, abiertos al conocimiento y tomar conciencia en cada momento para quitar capas de mentiras y acercarnos cada vez más a la Verdad a través de nuestras obras.

 

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