Cuantas veces justificamos nuestras acciones por una causa mayor, por incoherente y anti-natura que sean.

Cuantas veces nuestras decisiones están dirigidas por una fuerza mayor que nos arrastra y nos impide realmente seguir lo que nos dicta el corazón. Y es más, camufla la verdadera esencia y lo reviste de «falso buenismo«, de falsa nobleza.

De nuevo, pesa más la obediencia, el deber, lo que se espera, la creencia externa, que el propio Sentir.

A poco que paremos podremos encontrar mil razones que nos haga darnos cuenta de cuan errados actuamos y que alejados estamos de lo que el propio discurso indica: pura incoherencia.

¡Cuantas guerras se han iniciado en nombre del amor más grande, del mismo dios, del dios del amor, creador y de la armonía, generando muerte, destrucción y caos! ¿Puede haber más ceguera e incongruencia que eso?
 

 
En nuestro día a día, también tenemos muchos elementos a analizar, los cuales, en nombre del «amor», van tildados de sacrificio, dolor, perturbación. Y sin embargo son acciones que ejecutamos completamente convencidos en nuestra cabeza, aunque no en el corazón si nos paramos y sentimos.

En especial queremos pararnos a analizar algo que en estos tiempos nos sorprende sobremanera ya que nos encontramos con casos generalizados que actúan en automático y en nombre del «amor» facilitan el camino al mal.
 

En nombre del «amor» soy capaz de…

 
En nombre del «amor», por lo mucho que amo a mis hijos, los mando a estudiar al extranjero, aunque tengo la sensación de que se rompe la familia, y ellos no quieren, y a mi se me parte el corazón, pero lo hago porque quiero «lo mejor» para ellos.

En nombre del «amor», por lo mucho que amo a mi familia, me voy a trabajar todos los días a un trabajo que odio, que me genera repulsión, que me anula, me cambia el humor, o incluso actúo cumpliendo órdenes a pesar de que daño a mis congéneres. Pero lo hago porque debo llevar el sustento a mi familia que tanto «amo».

En nombre del «amor», por lo mucho que quiero a mis mayores, no me acerco a ellos, no los beso, ni los abrazo, aunque deba reprimirme y vea que se nos apaga el alma a ellos y a mi. Pero les amo tanto, que no quiero que les pase nada por mi culpa, y cumplo con lo establecido.

En nombre del «amor», por lo mucho que los quiero, llevo a mis pequeños al colegio con mascarillas, los normalizo en una escuela, encerrados durante horas, y aunque los eche de menos y vea que les están enseñando la frialdad del mundo como única opción, lo hago porque les quiero.

¿Te suenan algunas de las situaciones anteriores?

¡Cuántas aberraciones en nombre del «amor» y más que del «amor» en nombre de «lo que está bien», de «lo que es correcto»!
 

 
El problema de raíz, sin duda, tiene que ver con que creemos a pies puntillas que portarnos bien es seguir las normas, las de fuera, las de «la sociedad«, las que nos dictan, y no somos conscientes de que la anti-naturalidad de esas normas dictan mucho de acercarse de lo que está Bien. Por eso nos sentimos como nos sentimos, angustiados, contrariados,… Aunque mentalmente nos sintamos satisfechos por haber obrado según lo que se espera de nosotros. Sin embargo, lo vivimos como un sacrificio, con sufrimiento. Esto ya es un indicativo de que algo no va bien.

Pensando en la situación caótica que hemos vivido y como se nos ha impedido, por miedo, ver a nuestros seres queridos, se  nos ha prohibido tocarlos, abrazarlos, sonreírles,…pues nos han enmascarado incluso la sonrisa y nos han prohibido circular y nos han obligado a mantener la distancia, todo ello bajo el pretexto de que vamos a hacerles daño si no obedecemos las normas.

Tanta y tanta gente ha creído en estos argumentos de que nosotros mismos éramos portadores del «mal» en potencia y por «amor» nos hemos separado de la propia vida, que es el compartir, el amar, respirar conjuntamente y nos hemos subido al carro de un mundo aséptico en donde vivir se convierte en sobrevivir, sin caricias, sin calor humano, sin flujo vital.
 

 

¿Qué es lo que Sientes en verdad?

 
¿Sientes que la vida te pide eso?
¿Sientes que el amor es dejar de amar, de compartir la vida?
¿Sientes que amar es sacrificio y sufrimiento?
¿De verdad ves que tiene sentido lo que haces, como te comportas?
¿Cuánto quieres a tus mayores si los dejas morir en soledad?
¿Cuánto quieres a tus hijos si les enseñas que la vida es miedo, puro peligro y normas estrictas contra-natura?

Cuesta mucho creer que alguien haga estos actos perversos por amor. En realidad, el origen de todo está en el miedo, un miedo atroz, una falta de confianza en la propia vida y un desconocimiento del propio Ser, del significado de lo que es vivir en Esencia.
 

 
Si analizamos lo que reluce finalmente es un gran egoísmo, una gran desnaturalización que nos lleva, por una parte a ceder por miedo e inseguridad la responsabilidad de decidir en momentos y en temas importantes que nos afectan: «hago lo que me dicen, no me cuestiono nada» y así me sitúo en el lado de «los que hacen bien las cosas» a pesar de que mi alma sufra.

Y esto nos lleva al segundo punto, la irresponsabilidad llevada al máximo: «No me quiero sentir culpable». Quizás no me acabe de creer el discurso, ni las órdenes pero , por si acaso, voy a hacer lo que me dicen, así me descargo de las culpas en caso de que suceda algo, porque si sucede (siempre sucede, siempre hay consecuencias), yo no tendré culpa porque habré seguido estrictamente lo establecido.

 

No te engañes.

 
En este caso es mucho más grande el miedo a sentirte culpable que el amor hacia los semejantes, incluso al amor a ti mismo que no es menos importante. Si tuvieras verdadero Amor, harías lo que estuviera en tu mano y romperías con lo absurdo que va en contra de la esencia de la Vida.

Pero, ¡ay!, incluso intentando evitar la culpa,  la responsabilidad SI o SI siempre es tuya, tanto de la inacción como de la acción. Todo lo que siembras en tu vida tiene consecuencias y los resultados, sean los que sean, dependen de ti, de tus decisiones. Porque tu tienes la libertad de decidir. Este es tu destino como ser humano.

Si lo que eliges no sigue a tu Sentir sino a las normas, habrás quedado bien con «la Sociedad», pero no contigo, con tu Esencia.

Pienso en los abuelos que han muerto solos, abandonados, porque sus hijos los querían tanto que los aislaban hasta la muerte por no contagiarlos (para no ser culpables de lo que pasase). Pero lo han sido, porque si uno Siente, si uno Ama, sabe que no hay nada más valioso que una caricia y un acompañamiento sincero a la hora del tránsito final.

Pienso en los niños traumatizados, con problemas psicológicos de por vida si no se pone remedio pronto. A los que se les impide jugar, relacionarse, se les enseña que deben temer y sobre todo obedecer, pero que llevamos a la jaula conciencia tranquila porque no nos hemos saltado ni un protocolo, pero «ojo» tu eres modelo para esos niños y les estás enseñando a consentir y a no vivir, no decidir, no Sentir.

Nos convertimos en unos egoístas que por miedo a la culpa y afanosos de obtener nuestro cartel de «buen ciudadano» que pagamos con la sangre de un absurdo sacrificio vital, un sacrificio agónico y que solo nos conduce a la autodestrucción como Seres Humanos.

Si dejamos de actuar, de vivir como Seres Humanos libres, que Sienten, buscan la verdad, saben y deciden, nuestra existencia pierde todo su sentido.

 

 

Ver el contra-sentido

 
¿No te das cuenta que hacer algo por «amor» que conlleva sufrimiento, sacrificio no tiene sentido?
¿Tienes tanto miedo a la muerte que conviertes al miedo al Rey de tu vida y dejas de vivir por lo que en realidad mueres en vida?
¿Estas dispuesto a colaborar en convertir «la Sociedad» en una panda de muertos vivientes?

Párate, Siente, y Piensa como deberías ser las cosas y trabaja para conseguir que funcionen así, con sentido.

Huye de los «falsos buenismos» que ahogan el Ser. Se valiente, se consecuente, asume tu responsabilidad y decisiones.

No debes pasar por el yugo que te anula. Debes colaborar en crear la solución. La vida provee, la vida no ataca, la vida no es el enemigo.

Si estás en un mundo sin sentido que te lleva a romper algo tan sagrado como la familia y el sentido mismo de la familia, NO CREAS MÁS EN EL.

Vive acorde a tu Sentir y por fin el verdadero Amor se desplegará con tus acciones, transformando el mundo.
 

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