A veces las personas de corazón más puro quedan atrapadas por un tipo de «buenismo». Se incrusta desde pequeños el concepto de ayuda y generosidad hacia el prójimo, de tal manera que la propia necesidad queda superditada a lo que quede de tiempo para poderme dedicar a mi. Siempre al final de la cola, de la lista de tareas, de tal manera que a veces es imposible poder realizarse uno mismo porque está completamente abocado a los demás.

Y no es que sea desagradable estar consagrado a los demás, normalmente se hace con el corazón abierto y la intención pura, pero si que es verdad que de alguna manera nos siembran la semilla que anteponerse uno mismo a los demás es egoísta. Se entra entonces en una dinámica de pozo sin fondo en la que das y das y das y te das tú a los demás, que corre el peligro de vaciarte de energía.

A veces el esfuerzo llega a límites y situaciones sin sentido. Se ayuda a la gente que ni siquiera lo ha pedido. De ahí pasamos a otro tipo de «buenista»: «El Salvador», el que tan bueno y servicial quiere ser que se entromete en la vida de los demás. El padre que hace los deberes al hijo, flaco favor le está haciendo. Y también el que carga con su mochila del cole, o con la mochila de sus problemas después. En el fondo hay un controlador egóico que necesita satisfacerse como salvador, como sacrificado, como portador de la bandera del bien y la bondad.

De ahí pasamos a un «buenismo» exagerado y condicionado. «Yo soy bueno», «hago todo esto que conscientemente va en contra con lo que siento o pienso, pero lo hago para quedar bien, para que reconozcan lo bueno que soy».

Otras veces de tan bueno que soy, me hago «víctima sacrificada» y así gano la atención y admiración de la sociedad, porque a la sociedad le encanta estos «buenismos» y generar el control sobre las personas: fomentar la sonrisa de circunstancias (la hipocresía), el acatar para no generar conflicto, todo lo que supone una «falsa bondad» y por otro lado generar creencia para canalizar al puro de corazón que actúe de una manera que se controle y deje «fluir» y contente a otro tipo de personas, la contrapuesta al bueno de corazón, la que fomenta por otra parte la sociedad y que es la persona competitiva, un poco sin escrúpulos (o conciencia) que se cree mejor que nadie y es puro egoísmo. La persona que peca de «buenismo» le cederá el paso, y de esta forma todos estamos controlados en este mundo, por un lado o por otro: por la tiranía de la competitividad y el aparentar o por la del sacrificarse y ceder (y no posicionarse).

Cabe puntualizar que en el «buenismo» exagerado la persona suele deleitarse en proclamar lo buena que es, lo que se sacrifica, lo que la gente le reconoce que es muy buena. Suele ser un perfil de persona muy manipuladora, que busca llamar la atención y doblegarte a su son.

¿Es tarde para salir de las fauces del «buenismo»?

Simplemente si tu corazón es puro, si es realmente auténtico en lo que haces por los demás, por el entorno y en como lo haces, deberás concienciarte en pararte a reflexionar:

¿De dónde viene esta llamada a ayudar?
¿En que situación estoy?
¿Si tu «darte» tiene límite o no? Es decir, si sabes decir no (como hemos dicho, ser bueno a veces se confunde con el hacer el trabajo de los demás y colaborar siempre).

Pregúntate que necesidades aparcadas tienes. También párate a pensar cómo te ven los demás y si tu condición voluntariosa alimenta su afán de aprovecharse de ti.

Analiza si tu forma de bondad te perjudica (si no sabes poner límites, si antepones a los demás a ti,…)

No te juzgues, lo que has hecho, lo has hecho de corazón, pero quizás empujado por unas creencias impuestas que colaboran a que este mundo lo muevan «corazones serviciales encarcelados» que están al servicio (para no hacer daño, para contentar,…) de corazones desalmados que siguen patrones impuestos que no se guían por la naturalidad de la vida.

Se trata de buscar otro tipo de equilibrio en el que fluyas mejor e influyas mejor en tu entorno. ¡Hay que empoderarse!¡Hay que demostrar como se puede vivir en este mundo de otra manera! Serás más bueno con la vida y con el prójimo. Sí, también con ese que se quiere imponer y que no piensa mucho ni hace caso a su Sentir, porque sigue los dictámenes de la Sociedad, pues mostrarás el camino de la autorealización y estarás trabajando por el bien común si te desarrollas plenamente y no te vacías por causas que en realidad no lo merecen.

Hay que protegerse de los «buenistas exagerados», los que proclaman lo buenos que son. No caigas en sus redes y en su manera de ver la vida. Y ojo con los buenistas salvadores, que no te controlen la vida. Aprende a ponerles límites y a decirles ¡No!.

Agradecer y que te agradezcan, fluye con naturalidad en el estado de bondad y alegría. Si te das cuenta que haces algo con propósito de recibir después, replantéatelo mejor. No quieras ser «bueno» y que la vida , en forma de la otra persona, te devuelva el premio. Simplemente habla con la persona constructivamente, expón que necesitas, eso es reconocer como estás. Se sabedor de como estas y si en realidad puedes ayudar y si encaja a los dos, adelante.

Recuerda también que ser «bueno» no es sinónimo de ser sacrificado (es una falacia la creencia que «El sacrificio me lleva al cielo»). Siempre serás mejor mientras más coherente seas con tu sentir y menos falso sea tu actuar. No vivas contranatura.

NOTAS ADICIONALES:

Para nosotros, el «Buenismo» es un mecanismo para desactivar/entretener a las persona que tienen más conciencia, más conexión, que de alguna manera se entretienen y no realizan su propósito por consideración a los demás, por anteponer lo ajeno a lo propio. Es más importante ayudar que realizarme. Es más importante no brillar para no hacer sentir mal al otro. El problema, es que el «otro» normalmente está desconectado y podría llegar a ser un tirano.

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