Nos encarcelan el alma y nos llenan la vida de palabras vacías. Eso es lo que sentimos estos días de confinamiento. ¡Prohibidos los abrazos y pónganse la mascarilla!

Jamás hubiésemos podido pensar que la sociedad trataría de aislarnos de tremenda manera. Que los gestos de cariño, de ternura, de conexión quedarían prohibidos.

Jamás hubiésemos podido imaginar que la gente lo pudiera aceptar de manera tan impasible. Primero se nos quitó el abrazo, es decir, se nos prohibió abrazarnos alma con alma, pues un abrazo no deja de ser eso, una caricia íntima entre almas.

Cuando abrazamos somos capaces de hablar sin palabras, pues nos comunicamos con el corazón, y todo lo demás sobra.

Por eso los abrazos están rodeados de silencios. Muchas veces de sonrisas y otras tantas de lágrimas. Porque al abrazarnos nos quitamos las máscaras y emerge esa parte de nosotros esencial. Los abrazos dan vida y unen, y equilibran y empoderan y sanan.
 

 

Prohibir los abrazos es prohibir nuestra humanidad y hablamos de nuestra humanidad como nuestra Esencia Divina.

 

PROHIBIDO VIVIR

¡Prohibido el contacto físico!
¡No toques!
¡No sientas!
¡No interactúes con tus seres queridos!
¡No interactúes con nadie!
¡Prohibida la expresión del amor! Entendemos amor como su acepción máximo. Amor es vida, respeto, coherencia, salud, equilibrio, darse y recibir y compartir.

Parece que en estos tiempos solo lo artificial, lo aséptico (lo sin vida) es válido. Priorizamos el miedo a «morir» y pasamos a vivir en un mundo muerto. Un mundo desprovisto de corazón y sentido.
 
Matrix
 
¡Comunícate a distancia, a través de las pantallas! Parece que se establezca como la «nueva normalidad» que aísla el alma.

Se nos prohíbe el silencio del abrazo que nos permite la comunicación sincera, nos da vida y nos repara.

¡Si no estás solo!¡Ponte el ruido, la tv, las series, las noticias,…! Las cabezas llenas de vacío sin sentido.

Nos han silenciado el hablar de corazón y ahora nos quieren prohibir también la alegría.
 

¡Prohibido abrazar y pongámonos mascarilla!

 
La mascarilla, más allá de cualquier lista de dudosos beneficios, que si uno se para y siente, debería darse cuenta de que más que beneficiosos es perjudicial en cuanto a la salud, se traduce en un ¡Prohibido sonreír¡ que parte el alma.

La sonrisa queda atrapada entre la redes de un mundo frío, de automatización, que parece que quiera borrar cualquier gesto de bondad, de acercamiento, de colaboración, de unión,…

Las sonrisas, al igual que los abrazos, tranquilizan, derriban fronteras, hacen amigos. Y pareciese que esta sociedad solo está interesada en aislarnos y deshumanizarnos por completo.

 


 
Sin sonrisa no hay amigo. Ese ser amenazante que se esconde tras esa mascarilla (la máscara siempre oculta algo) es mi enemigo por lo tanto: el que me va a contagiar, el que me da miedo cruzarme.

No hay manera más fácil para sembrar miedo que ocultar el poder de una sincera sonrisa. Eso, es peor que el no poder respirar con facilidad, el ahogarme en mi propio vaho.

Nunca hubiésemos pensado que sería tan fácil que nos dejáramos arrebatar la expresión de la alegría de esta manera y con ello la esencia de la vida.

Porque vivir así, sin acariciar y mostrar el alma, no es vivir.

No te olvides de Sentir con Sentido. Discierne todas las incoherencias que te muestran los presuntos «expertos». Decide como actuar y como equilibrar el sinsentido imperante.

ALURA: La magia de la vida está en la Alegría del corazón.

Muestra tu sonrisa. Un abrazo del alma.

NOTA: ¿A dónde se han ido los Seres Humanos?

 

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