La vida está llena de contagios. Esta llena de momentos y experiencias compartidas. Un contagio no deja de ser influencias mutuas. Está repleta de cadenas de experiencias, de sensaciones, de procesos, que pasan por nosotros mismos, que nos transforman, que no nos pertenecen y que dejamos ir y a la vez tomamos prestados de otros seres con los que compartimos la vida y nos influyen.

La vida es contacto, es social. El contagio es una cadena que se propaga, se desliza, transformando el entorno.
Nosotros muchas veces, desde Gestión Vital Hoy, hemos promovido el contagio, el contagio especialmente de la Risa como promotores del movimiento Rising y la risa como remedio esencial a tantos males y como conexión profunda a la esencia del alma.
 

 
El contagio en si, en este caso, es positivo, es sanador. Es algo, que no puedes evitar pero en realidad te hace bien, en especial, si estás dispuesto y abierto a recibir la cadena.

Pero atención, si hay algo tan contagioso como la risa es el miedo.
 

La vida es relacionarse

 

 

La vida es constante relación en donde no dejamos de transmitir, de dar y recibir, de compartir. La vida es contacto con los congéneres, con el medio. ¿Qué pasa cuando aparece este miedo como el que se está viviendo ahora, miedo al contacto por el miedo al contagio? Miedo a contactar a la gente. Miedo a convivir en realidad. Miedo al medio. Miedo a tocar. Estamos degenerando los sentidos. Estamos atrofiándonos un poco más, en este mundo ya de por si ya maltrecho y poco sensible.

Y sí, quizás, con nuestro vivir, con nuestro convivir, y compartir el espacio y los momentos, podamos, según nos explican, transmitir «algún tipo de virus», inapreciable a los sentidos, y por tanto, incontrolable por nosotros (lo que le da un poder «demoníaco» literal al bicho), pero ello no quiere decir nada más que eso, que en un momento dado compartimos algo porque estamos compartiendo la vida, eso no quiere decir ni que yo esté enfermo ni que tu vayas a enfermar.

En realidad, en cada momento vivenciado conjuntamente nos llevamos tantas cosas del otro, experiencias que nos transforman, nos modelan y nos hacen evolucionar. Estamos dejando de compartir la vida por una remota posibilidad de prevención de una hipotética enfermedad. Nos estamos privando de interrelacionarte y de contagiarte de sabiduría, de alegría, de vida por algo que posiblemente nunca vaya a ocurrir.
 

El miedo a relacionarnos nos lleva a la muerte en vida

 

 

Pero, ¿qué pasa cuando por miedo evitamos el contacto o ese contacto lo hacemos con recelo? Estamos poniendo barreras y distancias a todas esas otras cosas que el propio contacto humano y el contacto con la naturaleza conlleva.Nos aislamos. Nos desinfectamos de «todo» y dejamos de compartir en esencia. En esos momentos, deberíamos valorar que es realmente lo esencial para nosotros y que es lo más importante en la vida: si evitar, cueste lo que cueste, aunque conlleve no poder abrazar a la persona que amas, o no poder percibir la sonrisa del amigo porque la esconde una máscara impuesta («por tu bien») y de alguna manera dejar de vivir o seguir compartiendo y sintiendo como humanos, experimentando plenamente la vida y compartiendo con plenitud.

Quizás sea preferible pasar una enfermedad juntos, afrontar la vida juntos, a dejar de sentir el calor humano, el sentido de la vida, por una prevención excesiva fundamentada en el miedo.

Según lo que observamos, nuestro parecer es que hoy en día, el contagio más peligroso y destructivo, es el miedo al contagio. Por el miedo al contagio, estamos dejando de lado cosas básicas para la vida sana: desde los besos o las caricias, a las reuniones sociales con familiares y amigos.
 

¿Vivir en un mundo aséptico?

 

 

Nos escondemos detrás de una máscara y vemos lo natural como un gran foco de infección si no ha pasado por el yugo del desinfectante. Es decir, queremos un mundo aséptico, esterilizado (sin vida) y sin embargo, es todo lo contrario a la vida. Un mundo aséptico mata a la vida.

No podemos desinfectar la vida porque la volveríamos artificial. Tan artificial, falsa e insostenible como el gran circo que ha urdido alrededor de esta enfermedad nueva tildada de «pandemia global».

Mientras el miedo al contagio se propaga como la pólvora, nos contagiamos a pasos agigantados al NO VIVIR.
 

La Naturaleza es sabia

 

 

Nuestra naturaleza es más sabia y fuerte de lo que pensamos y nos están haciendo creer.

No vayamos contranatura, haciendo cosas exageradas, ilógicas. Parémonos a Sentir. Descartemos conscientemente el miedo exagerado. Valoremos lo esencial en la vida, que de seguro incluye estar acompañados de sanas relaciones con la gente que quieres, de transmitir confianza, y porque no, contagiar de nuevo la risa y la alegría con los seres con que compartes tu camino.

Insistimos, en que el miedo al contagio es actualmente el contagio más peligroso contra la propia vida.
No te olvides de vivir. Sobrevivir no es vivir. Vivir sin sentido no es vivir. Deja de contagiarte de miedo y de contagiar miedo. Este es uno de esos clarísimos casos en que prevenir no es mejor.

Las consecuencias del miedo al contagio, por todos los cambios que se están produciendo a marchas forzadas (porque no son para nada naturales) en la sociedad son mucho peores que la peligrosidad real que este virus.

Podemos enfermarnos y sanar después. Pero si enfermamos a  la sociedad va a costar mucho poderla liberar si se acostumbra a que la Nueva Normalidad no es otra cosa que vivir con miedo, dejar de compartir y dejar de relacionarnos a corazón abierto y con plena sonrisa con los demás.

¿Realmente no lo Sientes así?

 

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