Cuando lloro, cuando grito, cuando río, incluso mi suspiro ejerce una pequeñísima pero vibrante exclamación vital, soy completamente transparente.Mi vibración recorre el universo y me presenta desnudo ante el otro que me oye y me siente. Sin embargo, la palabra, el lenguaje verbal, ¡Es en tantas ocasiones tan traicionero!

En nuestra sociedad actual, existe la creencia generalizada de que la aparición del lenguaje verbal supuso una revolución en nuestra evolución. De hecho, es uno de los signos diferenciadores más claros respecto a otros seres que conviven con nosotros en el planeta, como pueden ser los animales.

El lenguaje hablado, la gran involución

Para nosotros en cambio, la introducción del lenguaje hablado, ha supuesto una involución en nuestro devenir. en el proceso de evolución natural. El lenguaje verbal es un paso intermedio en nuestro flujo de comunicación con el mundo exterior que supone un punto más de fallo en la cadena de coherencia sentir-pensar-actuar. ¡Cuantas veces se dice una cosa y se actúa de otra manera!¡Cuantas veces nos fijamos y nos quedamos con las bonitas palabras y no vemos las acciones que se realizan en realidad!

Utilizamos un instrumento maravilloso como es la voz para otros menesteres de menor valor (p.e. a hablar sin parar) y en cambio no la utilizamos para su función principal: para sanar a través de la vibración de los sonidos, para expresarnos y generar belleza a través del canto y para expandir nuestra alegría a través de loar a la Vida con los sonidos del Alma. Es como utilizar un aparato de alta tecnología para clavar clavos.

El lenguaje hablado introduce muchas interferencias en nuestra comunicación y facilita que actuemos en automático, sin procesar por nuestro Sentir.  ¿No te has encontrado muchas veces con la sensación que hablamos antes de pensar? ¿Quizás debido a la activación inconsciente de nuestras creencias y patrones (muchas veces impuestas)?

Con la utilización del lenguaje verbal, dependerá de nuestra habilidad e intención poder traducir correctamente en palabras dichas nuestro Sentir. Y aún así, dependerá de la habilidad de mi interlocutor, de las circunstancias, y de su estado de ánimo incluso, el poder reconvertir esas palabras «escuchadas» sin alterar el mensaje inicial. ¡Demasiados condicionantes para establecer una comunicación limpia!

«Traduttore, traditore»

Ya lo dice el dicho «Traduttore, traditore» (traducir es traicionar).

Mientras más pasos, más filtros tiene el camino, más posibilidades hay de alterar el producto, en este caso el mensaje de nuestro Sentir.

Mirándolo así, de este modo, el lenguaje verbal, más que ser un diferenciador positivo se convierte en una traba, un entretenimiento que nos ralentiza y nos confunde. En incluso es una herramienta fantástica para fomentar la mentira, la manipulación.

Cuando la comunicación se realiza de alma a alma, sobran las palabras, las palabras dichas.

La telepatía, nuestra forma natural de comunicación

La risa o el llanto, no tienen fronteras, sino que son un idioma universal. En el mismo nivel se encontraría la telepatía, es decir, la comunicación sin la necesidad de articular palabras.

Esta cualidad debería ser un don innato, que sin embargo no desarrollamos al someternos y dedicarnos completamente al yugo del desarrollo del lenguaje. Quizás si cultivásemos este don, sobrarían las palabras innecesarias y evitaríamos los equívocos.

Existen comunidades donde este don natural forma parte de su día a día. Los Auténticos, por ejemplo, una tribu aborigen australiana, son capaces de Sentir con solo mirarse a los ojos.

Cuando las almas están en conexión, no hay distancias que valgan.

Del mismo modo que estamos en conexión con el prójimo, también podemos estarlo con el Todo. De ahí que los Auténticos sean capaces de comprender los mensajes de la naturaleza también con facilidad.

No es más sabio el que confecciona y proyecta el discurso más elaborado, sino el que se muestra y comprende de la manera más sencilla.

Seamos pues traductores de nuestro Sentir y hagamos buen uso de las palabras, un uso consciente, para que las palabras sean realmente canciones de vida y mantras de nuestros valores. Que sean vibración positiva del mundo, la traducción del latido de nuestro corazón.

Pongamos la mano sobre el corazón, primero el nuestro, pero también de quien nos acompañe en el camino y seamos capaces de acercarnos, sentirnos y comprendernos sin hablar, porque cuando alguien es capaz de entenderse sin necesidad de palabras, está más cerca que nunca del estado de paz, armonía y felicidad.

Seamos conscientes de que el lenguaje hablado, que debería unirnos, que debería servir para organizarnos, es un arma de doble filo, y un signo de evolución de alguna manera, estancada.

Juega con la Telepatía, es más fácil de lo que crees, porque te es innato.

Creamos en la telepatía. Otorguémosle un espacio en nuestra vida para desarrollarnos y crecer. Es sorprendentemente divertido y además da paso a otra maravilla imprescindible para ayudar a escucharnos como es el silencio.

Nosotros en casa jugamos mucho con la telepatía, con nuestros hijos. En muchísimas ocasiones sabemos lo que estamos pensando, e incluso nos anticipamos a las palabras que van a salir de la boca del otro. Con solo mirarnos (sentirnos), entendemos lo que está pasando (Mi mundo interior es tu mundo interior). Cuando sales del modo automático, activas el Sentir, te colocas en modo atención y pones toda la intención, el fenómeno telepático es relativamente fácil, pero sobre todo es divertido…y no pasa si te equivocas, ríes y vuelves a probar. Como todo es cuestión de práctica, por muy innato que nos sea.

Extraído de «Las voces del desierto«, capítulo «Telefonía sin hilos»

«…Según Outa, la razón primordial por la que los Auténticos saben usar la telepatía es porque no mienten nunca. No utilizan siquiera una pequeña invención, ni una verdad a medias ni una grosera afirmación falaz. No mienten en absoluto, de modo que no tienen nada que ocultar. Son gentes que no tienen miedo a abrir sus mentes para recibir y que estén dispuestas a darse información mutuamente. Outa me explicó como funcionaba. Si un niño de dos años, por ejemplo, viera a otro niño jugando con una cosa (una roca tal vez tirada por una cuerda) y ese niño intentará quitarle el juguete al otro, inmediatamente notaría que las miradas de todos los adultos se volvían hacia él. Aprendería entonces que se conocía su propósito de coger algo sin permiso y que no se aceptaba. El segundo niño aprendería también a compartir, aprendería a no aferrarse a los objetos. Este niño ya habría disfrutado y almacenado el recuerdo de la diversión, de modo que sería la emoción de la felicidad lo que desearía y no el objeto.

Los humanos estaban destinados a comunicarse mediante la telepatía. Las diferentes lenguas y los diversos alfabetos escritos son obstáculos que se eliminan cuando las personas utilizan la comunicación mental. Pero yo razonaba que eso jamás funcionaría en mi mundo, donde la gente roba a su empresa, defrauda a hacienda y comete infidelidades. Mi gente no toleraría jamás una «mente abierta» en su sentido literal. Hay demasiados engaños, demasiado dolor, demasiada amargura que ocultar.

Los Auténticos no creen que la voz estuviera destinada al habla. Para hablar se utiliza el núcleo corazón-cabeza. Cuando se usa la voz para hablar uno tiende a enredarse en pequeñas conversaciones innecesaria y menos espirituales.
La voz está hecha para cantar, para loar y para sanar.

Más tarde, durante el camino, cuando trabajaban conmigo para desarrollar mi comunicación mental, aprendí que mientras tuviera algo en el corazón o en la cabeza que siguiera creyendo necesario ocultar, no funcionaría. Tenía que pactar absolutamente con todo. Tenía que aprender a perdonarme a mi misma y aprender del pasado en vez de juzgarme. Ellos me demostraron que lo fundamental era aceptarme, ser sincera y quererme a mi misma para obrar de igual manera con los demás.«

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