En el presente artículo hacemos una reflexión sobre como, sin darnos cuenta, en muchas ocasiones vivimos bajo el estado de miedo, y actuamos movidos por él. En la parte final del artículo,en el apartado práctico “Chispa de Coaching“, proponemos que hagas una evaluación personal sobre este tema y te aportamos algunas acciones a emprender.

Si lo haces, que no sea por miedo, que sea por…

Tantas veces no somos capaces de pasar a la acción. Vivimos bloqueados. Vivimos sin atrevernos a dar ese primer paso que nos parece infranqueable. Tantas veces somos esclavos del miedo que nos paraliza y nos hace temer la incertidumbre de no saber, de no tener el control. Tantas veces exhortamos a pasar a la acción como motor de cambio, como ingrediente necesario para avanzar en la vida. Y sin embargo tantas otras veces hacemos todo lo contrario. Avanzamos bajo el yugo del miedo y decidimos a actuar movidos desde la fuerza del angustioso abrazo opresor del temor que te encoge el corazón y te genera esa angustia vital que vive en ti.

El miedo, arma de destrucción masiva

El miedo utilizado como herramienta movilizadora de masas es una droga que intenta aniquilar la vida, su esencia. El miedo anula la capacidad de conexión vital. Nos desviste del alma para despojarnos de la guía interior e invalidar nuestra propia brújula para meternos en una cadena donde voluntariamente nos dirigimos al matadero. Esa es la cuestión, el matiz, el “voluntariamente”, porque somos nosotros los que decidimos subir al carro dictatorial del miedo, muchas veces colectivo, impuesto por la sociedad (el mundo actual). A veces por acompañar y sentirnos acompañados. A veces por ser incapaces de pararnos a Sentir el momento, el “hacia a donde quiero ir”, el “cómo me sienta lo que estoy iniciando o lo que acarreo conmigo durante largo tiempo en mi vida”.

Si lo haces, que no sea por miedo. Que sea por valentía. Pasar a la acción por miedo, no cuesta, es fácil. Pasar a la acción porque nos exigen, para evitar conflictos, porque se nos empuja, aunque sea con un látigo invisible, es fácil. Lleva la inercia del empuje impuesto. La fuerza del “obligarme” que, si yo no estoy empoderado, fácilmente me va a abocar al abismo, el abismo a unas vivencias que no van conmigo y por no ser coherentes con mi Sentir me van a ir acumulando capas de agobio y frustración, y resentimiento y de sinsentido, a pesar de cumplir y ser correctas con aquello que me ha generado miedo: la sociedad, la idea de no estar solo, el apego, o lo que yo analice como fuerza constrictiva que me obliga a dar el paso a vivir algo que yo no necesito o elegiría por propia iniciativa.

Si lo haces, que no sea por miedo, que sea por valentía.

Vencer ese momento de decisión a iniciar una acción con rumbo diferente al que se te propone o que por tus miedos has ido desarrollando en tu vida puede parecernos un muro que se levanta hasta el cielo y no sabemos como superar. Puede parecer más difícil que el dejarse llevar/guiar por el miedo y funcionar a golpe de latir de corazón angustiado, como los galeotes romanos esclavizando rítmicamente a cada golpe a sus esclavos, conseguían avanzar por las aguas del mundo. Pero ese ritmo, ese “pum-pum” que te martillea, te consume la vida.

El pasar a la acción desde el Sentir, combatiendo, enfrentándonos a los miedos y empezar a nadar a contracorriente, es menos complicado de lo que parece. Pues en cuanto lo hacemos, nos damos cuenta, porque lo sentimos con certeza, de que estamos a caballo del flujo Vital y todo deviene de otra manera y se siente diferente. La vida resulta más ágil y más fácil conectarse con ella.

La cuestión es darse cuenta de que ese muro abismal que vemos delante nuestro antes de pasar a la acción que desde el Sentir nos enfrenta a lo habitual, lo que te ordenan, lo injusto que se hace por inercia u obligación pero no sienta bien, ese muro no es otra cosa que la proyección de nuestros miedos: un holograma ficticio que yo creo que es real. Si soy capaz de ver que yo soy el creador de mis propias limitaciones y de mi mundo restrictivo por culpa de darle poder a mis miedos, podré borrar fácilmente esa imagen proyectada e imaginar otra cosa, acorde a mi Sentir, que me libere y me empodere a ir más allá. A ir hacia donde mi brújula interior me aconseja dirigirme.

Imagina desde el corazón tu valentía

Imagina desde el corazón. Borra ese muro, tu muro, que representa el miedo que te obliga a no ser tu, que te obliga a vivir la vida que otros quieren, a vivir la vida en pequeño, con hilos de marioneta.
Bórralo, o ponte alas, y vuela por encima de él y muévete libre y ligero, o simplemente pinta una puerta en el muro y traspásalo para poder darte cuenta de cuanta inconsistencia hay en realidad.
El muro se va a desvanecer en cuanto tu corazón lata con el ritmo de la Alegría, con el ritmo de la vida. ¡Cambia tanto salir o es tan diferente emprender desde la propia iniciativa a seguir el dictamen impuesto o el empuje del miedo! Ligereza versus carga. Corazón abierto versus corazón angustiado.

Si lo haces que no sea por miedo. Que sea porque tu corazón pasa a tomar las riendas de tu vida, tu corazón del alma, rebosante del Sentir.

Déjate guiar por tu Sentir. Plántale cara al miedo. Siéntete libre de vivir tu vida. Modela el mundo con espíritu y coraje. ¿No lo sientes en algún rinconcito de ti? Vive y actúa en coherencia con tu Sentir. Contagia con tu entusiasmo y alegría a cuanto te rodea y tu acción se convertirá en el mejor antídoto contra los miedos impuestos. Hace falta pioneros del Sentir. Corazones Valientes con Mentes Despiertas que se atrevan a ser el mensaje vivo de que Vivir de otra manera es necesario y es posible.

Una chispa de Coaching

Muy bien. Ahora vamos a trabajar un poco.
Os proponemos que penséis un momento qué tareas realizáis en vuestro día a día desde el miedo. Os vamos a poner algunos ejemplos: puedes ir al trabajo en un estado de agobio de no llegar tarde para que no te echen la bronca o por el contrario puedes querer llegar al trabajo incluso antes de tiempo con una energía de alegría porque estás ilusionando en continuar con ese proyecto que tanto te ilusiona. Puedes estudiar para un examen movido por el miedo a suspender o puedes estudiar motivado de expresar esa materia que has encontrado tan interesante. Puedes jugar una partida de tenis de mesa (u otro juego) desde el miedo a perder y por lo tanto se te encogerá el brazo y dejarás de jugar con fluidez y disfrute o puedes jugarla desde la alegría de gustarte y dejar fluir tu creatividad en el juego sin importar tanto el resultado.

Podríamos mostrar muchísimas actividades cotidianas que podemos realizar desde un estado de miedo o desde un estado de alegría. Es muy fácil diferenciarlas, cuando las haces desde el miedo tienes el corazón encogido, te frena, hay un “en realidad no quiero hacerlo”, no hay una sonrisa sincera en tu rostro, en cambio, cuando las haces desde la alegría de vivir, el corazón está liberado, fluye de ti un empuje hacia adelante, existe una sensación de paz de “estar bien”, en tu rostro se dibuja una sonrisa,…

La idea es que evalúes tu balanza. Haz una introspección de tu día a día y realiza una tabla con las tareas que realizas desde el miedo o desde la alegría y el tiempo que permaneces en ese estado. Sé sincero contigo mismo, el autoengaño es fruto de un estado de miedo 😉

Una vez realizada la identificación de tareas, haz el sumatorio de tiempo que estás en cada estado, y posteriormente el porcentual respecto a la duración del día.

En nuestro paradigma, la alegría de vivir, un estado generado desde nuestra paz y equilibrio interno, debería ser el estado natural sobre el que realizar nuestras actividades cotidianas. Por lo tanto, para vivir sanamente (nuestro cuerpo necesita del equilibrio a todos los niveles, temperatura, ph,…) deberíamos estar el mayor tiempo viviendo desde el estado de la Alegría de Vivir.

¿Vives desde el miedo o desde la Alegría?

No vamos a poner ningún porcentaje de referencia porque no lo sabemos. Cada uno tiene su mundo, su personalidad, su propósito. Lo que si está claro es que si el miedo supera a la alegría de vivir a lo largo de tu día a día, de tu vida, algo no va bien.

El miedo solo debería aparecer puntualmente para advertirnos de un peligro real. Cuando sentimos miedo, se produce un desequilibrio y desasosiego interno para que actuemos de forma rápida. El miedo nos desconecta de nuestra esencia, nos pone en automático, empleamos toda nuestra energía en reaccionar. El miedo es bueno en sí para cuando se da una situación real que hace peligrar nuestra existencia. Ahora bien, un miedo proyectado, a veces impuesto artificialmente (p.e. creencias) de algo que puede o no pasar…¿Aporta algo bueno?¿Qué piensas?

 Miedo = Estrés

El miedo nos provoca una situación de estrés. Una situación de estrés mantenida en el tiempo…horas, días, semanas, meses, incluso años,…¿A dónde crees que nos puede llevar? Una situación continuada de estrés normalmente nos lleva a una inflamación y si no ponemos remedio,…
Ahora bien,nos estarás diciendo: “sí,si, muy bien…pero la vida es así, mi vida es así, si tú supieras…, no me vengas con chorradas ¿cómo puedo pasar del miedo a la alegría?”

Bueno, en primer lugar, recordarte que la vida no es el mundo. Lo que es “así”, es el Mundo y el Mundo lo co-creamos con nuestras creencias. Pero vamos a ser prácticos y vamos a darte algunos consejos de cómo darle la vuelta al asunto del miedo:

Lo primero que te recomendamos es importante que tomes conciencia de ello, la presencia del miedo en tu vida, si te gobierna,… Pasa por tu Sentir lo que te estamos comentando en este artículo. ¿Es bueno para ti vivir desde el miedo?

Decide cambiar la situación

Una posibilidad es empezar poco a poco a cambiar la situación. Identifica aquellas tareas que las haces desde el miedo (desde el agobio, angustia,…) tanto en tu vida particular como en tu vida laboral. Puede que muchas de ellas las iniciaste desde la alegría porque te hacían disfrutar y era lo que necesitabas hacer en ese momento, pero puede que ya no vayan contigo porque tu propósito vital haya cambiado y tú, todavía, no te has alineado o no te has dado cuenta de ello.¿Puedes prescindir de ellas? En caso de que no, que en este momento no puedas eliminarlas, ¿puedes revisar o encontrar su “Para qué”, un para qué que te motive a realizarlas desde la alegría?…un para qué que te transcienda incluso a ti mismo o el momento actual (mis hijos, para la familia, para mi proyecto de dentro de x años,…) o ¿Puedes realizarlas de otra manera?. Utiliza tu Imaginación creativa.
En el caso de que no puedas eliminarlas o encontrar un “para qué” motivador, sería conveniente que revisaras tu rumbo, tu propósito actual, y empezarás a definir un plan de transición antes de que tu cuerpo te obligue a hacerlo. Ahora ya sabes que mantener un estado de miedo, angustia, agobio, desdicha, en tu vida no es nada saludable. De hecho, es muy probable que muchas de tus dolencias sean avisos de ese desequilibrio continuado provocado por el miedo. En cambio, la alegría de vivir, la Dicha, regenera y revitaliza.
Otra opción es empezar a incorporar actividades que te hagan disfrutar y te ayuden a recuperar el estado de la alegría de vivir poco a poco para compensar tu balanza. Utiliza tu Sentir, tu brújula interior, tu imaginación creativa para identificar que cosas te pueden hacer vibrar en este momento, aunque sea un poquitín, e introdúcelas en tu vida y si puedes, utilízalas para sustituir a las que te generan miedo o no te aportan nada, que son vácuas (p.e horas inertes de televisión). Recuerda, los primeros pasos son los más difíciles, pero después se muestra todo sorprendentemente más fácil.
Y por último, y sólo como situación extrema y si así lo Sientes, puedes romper con todo e iniciar un proceso de transformación profundo. Para ello debes ser muy valiente y estar preparado para la crisálida y el dolor de la transformación. Nosotros hemos pasado por ello. No obstante, el mundo puede que no, pero la vida siempre te proveerá y te mostrará el camino. Confía en la vida. Confía en ti, porque tú eres Vida.

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