Importantísimo tener presente la diferencia de matiz entre las dos sentencias. Parece que una contradiga a la otra pero en realidad se suman en el mismo camino, aquel que opta por la coherencia, la responsabilidad, la decisión, el poder de nuestra elección: el libre albedrío.

El ´«no todo vale y sí todo cuenta» es tener presente a diferencia moral del bien y el mal que marca el sentido de la vida.

Nuestra sociedad tiende hacia el relativismo, que en realidad es el desempoderamiento de la propia autoridad y valor humano.

Al conceder que no existe la verdad, que cada uno puede hacer y deshacer, por ejemplo, «no se acerca a lo que yo espero, pero en fin, se acepta todo», y al final se baja tanto nuestro nivel de mínimos que acabamos aceptando barco como animal de compañía, por no entrar en conflicto o por falta de convencimiento, autoridad.

Una cosa es ser intransigentes, inamovibles en ideas y otra cosa es ceder constantemente y de manera ilimitada ante «el todo vale» aceptando que todo es relativo. Porque en esta vida, no todo vale. Existen actos injustos, acciones inmorales, existe el mal, y que nosotros no debemos aceptar ni consentir.

Porque cuando tragamos o hacemos oídos sordos ante algo que es contra-natura, nos convertimos en cómplices de ese mal.

Debemos mantener, alimentar unos principios básicos en nuestra vida para no perder el rumbo y no debemos conformarnos con menos. Debemos sembrar con nuestros actos, con nuestras elecciones, una vida con sentido. Debemos filtrar y transformar aquello que se aleja del eje del equilibrio. No podemos conformarnos con menos. Si lo hacemos, estamos cooperando en diseñar una vida mediocre, vacía.

Estamos convirtiendo nuestra misión de vida, algo que es divino, en una rutina aleatoria sin valor.

Por favor, pongamos alma en lo que hacemos, no todo vale.

Y apliquémonos el cuento a nosotros mismos. Subamos el listón de nuestra vida a niveles de coherencia. No nos conformemos con menos. Demos el máximo de nosotros mismo en cada momento. Nos escatimemos.

Pongamos cuando sea preciso la rotunda y potente palabra del «NO CONSIENTO» en nuestros labios y en nuestras vidas. Una palabra mágica que nos empodera sobremanera, nos devuelve al eje, al respeto a uno mismo y hacia afuera. Palabra equilibradora y reparadora de límites. Tejedora de cimientos sólidos en nuestro camino de vuelta al sentido.

Pero sin embargo, ¡todo cuenta!

Ligado a ese «no todo vale» tenemos el no menos importante «todo cuenta». Es ahí cuando reconocemos la importancia real de todo momento, nuestra responsabilidad en el devenir de nuestra propia vida, y por ende , del mundo. Es sentir la fuerza del presente, de la elección del camino, huir de la inmediatez, con la confianza en nuestro Sentir, en el labrar la vida acorde a la Ley Natural, buscando un sentido.

Todo, todo cuenta. Y cuenta para bien o para mal.

A veces no reparamos en la importancia de nuestras decisiones, ya sean de acción o inacción.

Todo tiene su efecto. Todo es significante.

Muchas veces, el problema, aquello que nos aleja de la comprensión de la importancia de este efecto compuesto de nuestra vida es que estamos acostumbrados, no han hecho creer, en la inmediatez. Ese es el gran problema que nos impide ver la ley de la causa y efecto y estamos confusos por ello. No sabemos porque nos pasa lo que nos pasa. No nos damos cuenta de lo que sembramos ni de lo que recogemos, que lo transformamos en quejas, porque no entendemos.

Vivimos en un mundo de prisas, poco paciente, donde esperamos que los resultados sean visibles al momento. Queremos el premio ya. Hemos perdido la capacidad de visionar, de analizar nuestra vida. Y transitamos por ella a golpe de mata.

La desconexión y el sinsentido es tal que somos capaces de planificar con detalle nuestras vacaciones pero no lo hacemos con los temas importantes de nuestra vida. Y después nos sentimos desdichados con los resultados, con los «incidentes», con las cosas que nos suceden, los «premios» a veces no deseados, que vamos recibiendo en nuestro ahora sin comprender que estos son resultado de nuestras decisiones pasadas.

Practiquemos pues el Sentir y tomemos decisiones en conciencia. Todo paso que demos avanzando en esa línea va a resultar vital.

Y sí, quizás, estos primeros pasos sean duros si debemos enfrentarnos a cambios o no parezca ser un camino fácil o por lo menos el camino que se espera. Pero podemos verlo como unos primeros cambios que quizás ahora nos incomodan pero que a más largo plazo nos van a acabar reconfortando el alma. Como cuando uno decide dejar de fumar y al principio quizás haya un «mono» incómodo, pero cuantos años de vida, pero sobre todo calidad de vida te has regalado.

Ese «todo cuenta» diario nuestro se convierte en nuestro «que» esencial, en nuestro punto de partida más importante, en nuestro tesoro, porque paso a paso se hace un gran cambio. A veces un giro vital de 180º.

Lo más importante es saber que, como si de una inversión en nuestra vida se tratase, esas decisiones con sentido, que nos acercan a la coherencia vital, ese «NO CONSENTIR«, esos cambios de hábitos, esa eliminación de lo que me sobra, ese sembrar lo que mi ser me guía van ir construyendo, sumándose entre si poco a poco, a través del maravilloso efecto compuesto, con el paso del tiempo, una vida en mayúsculas, conformando un estilo de vida que nos va a presentar las oportunidades que realmente anhelamos, con la que vibramos. Esas oportunidades las has sembrado tú con conciencia, desde tu Sentir.

Con firmeza, paciencia, coherencia, con alegría, con valentía, sintiendo que ya estás en tu camino, ya tienes un gran beneficio. Si ponemos nuestra voluntad acompasada con nuestro latido vital y aprendemos a decir «NO» y a decir «SI» cuando toca y con sentido, vamos a recibir instantáneamente una paz y plenitud de espíritu impagable, de un valor infinito. Te estarás devolviendo la autoridad, la estima.
Y de manera no inmediatamente perceptible nos encontraremos con unos cambios en nuestra vida que a la larga nos van a hacer sentir afortunados, porque la fortuna no es cuestión de suerte, sino de coherencia vital en nuestro Sentir y en nuestro Actuar.

Sobre la inmediatez:
El alma no entiende de inmediatez. El alma es eterna y se compone de los efectos suma exponencial de nuestra acciones. No tengas prisa. Tu alma tiene todo el tiempo del universo. Si debes elegir una acción, elígela desde el punto de vista de tu alma, como si fueras eterno…¿Qué elegirías hacer entonces?

Tu Balance diario: En la retrospectiva nocturna, haz balance de los «no todo vale y todo cuenta» que has realizado en conciencia y en automático durante el día.

¡Alura! La Magia de la Vida está en la Alegría del Corazón.

 

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