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La Ley Natural es la que regula los comportamientos de los seres conscientes y nos afecta directamente según nuestras acciones están en armonía con lo que es correcto (bien) o incorrecto (mal), también conocida como Ley Moral, Ley del Karma,…

Aunque está Ley Universal esta operativa en la vida para todos los seres conscientes (como la propia ley de gravedad lo está en el mundo físico), tiene la particularidad de que en la mayoría de las ocasiones no sabemos ver la relación entre la causa y los efectos que experimentamos, ya sea por la distancia temporal entre ambos eventos, la complejidad de la situaciones que se pueden dar, el estado de confusión en que podamos estar,…

Ante esta falta de poder validar de forma «científica»  o «evidente» el principio de causa-efecto, a nuestro intelecto le hace dudar de su existencia, e incluso, como pasa con la mayoría de las personas de la sociedad occidental, ignorarla por completo, a pesar de que en el fondo de nuestro Sentir esté impregnado con su presencia.

 


Esta ignorancia del principio de causa y efecto de la Ley Natural provoca que  el mundo esté sufriendo los efectos de las numerosas acciones incorrectas (desarmonizadas con la Ley Natural) que hacemos en nuestro día a día, al no ser conscientes de su impacto/efecto a corto/medio/largo plazo. De alguna manera, nos auto-infligimos el sufrimiento actual y provocamos el caos/sinsentido por ignorancia o desconfianza.

Por lo tanto, una gran pregunta que nos hacemos es:
 

¿Cómo podemos comprobar la existencia del principio de causa y efecto?

A continuación, una posible respuesta que hemos canalizado desde el Sentir.
 
«No esperes tener una respuesta fija y concreta en este aspecto. No esperes poder medir los tiempos para cronometrar cuando vivir los efectos.

No puedes predeterminar cuando vas ver o comprobar los efectos, porque absolutamente todo está sujeto a causa y efecto. Hay pequeñas cosas que son inmediatas y hay cosas más grandes que tardarán más.

La importancia de este principio consiste en tenerlo presente, ser consciente de su existencia. Este principio nos va a ayudar a entendernos mejor en el ahora. A comprender los efectos que estamos sufriendo o viviendo y a partir de los cuales, mediante la observación y el análisis, vamos a poder llegar a la causa que lo provocó, a los orígenes de nuestros actuales conflictos si es el caso.
 

 

El análisis

 
Seguir la pista, investigar, analizar, comprender, aceptar en conciencia y darnos cuenta de que manera voy a poder rectificar, redirigir. Solo conozco lo que he vivido y he podido experimentar para aprender. A partir de mi sabiduría voy a poder compartir con los demás mi experiencia que puedes serles de guía en su camino.

Miramos pues hacia atrás, medimos pues los tiempos hacia atrás.

El principio de causa y efecto nos hace estar más presentes, más observadores, más atentos a nuestro Sentir. Vamos a poner más alma en nuestro día a día, en nuestra toma de decisiones sabedores que todo es de importancia y que nada es aleatorio.

Estamos creando y tenemos nuestra responsabilidad presente en aquello que hacemos. Ponemos toda nuestra intención con alineación con nuestro Ser, con nuestro objetivo vital y decidimos a conciencia para poder a empezar a sembrar los efectos de justicia, plenitud, libertad, equilibrio, belleza en lo que hacemos.

Muy probablemente empecemos a recoger parte de los frutos en algunas cuestiones al tiempo de haberlas sembrado, aunque otra parte de los frutos no serán para nosotros ahora. Sin embargo, la huella estará trazada, como causa del efecto futuro.
 

 

No caigas en la trampa

 
No caigas en la trampa de creer que la correlación de hechos se traduce siempre en los efectos de las causas. No metas prisa a la vida, ni te engañes, ni intentes correr en adjudicar efecto a las causas si profundizar (no llegues a conclusiones erróneas).

A veces las apariencias son engañosas. Confía en la vida, observa paciente y con el corazón abierto. Lo importante, más que esperar los frutos en si, es la satisfacción de ser partícipe de una buena causa, la plenitud que conlleva en ti, la armonía el equilibrio que sentirás sin duda en tu vida.
 

 

No seas tú partícipe y causa del desastre, del deterioro de la desarmonía. No lo consientas. Que tu alegría y tu conciencia de vivir en plenitud se contagie en cada paso que des, en cada proyecto que inicies, en cada abrazo que compartas. Que tu causa sea vivir desarrollando la plenitud de tu Ser, creciendo, enraizándote en esta tierra para dar consecuentemente tus buenos frutos. En tu corazón ya empezarás a recibir los premios (efectos) en forma de satisfacción y después, Dios dirá.
 

¿Para qué nos puede servir?

 
Para analizar hacia atrás, como estás viviendo los efectos, tienes el deber, la opción, con sinceridad y con la intención de comprender, para trabajar y encontrar las causas… A partir de ahí, puedes decidir redirigir para empoderarte y tener la autoridad de generar tus efectos en base a tus causas positivas.

La ley te sitúa en el presente, a atender tu Sentir, Lo que tu haces y lo que no haces va a marcar tu devenir y tu entorno (co-creación).

Es importante Sentir que tu eres causa. Tus decisiones van a tener efectos a partir de ese momento.

¿Quieres colaborar con la armonía o con la desarmonía?»
 

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