Muchos tenemos inculcada la idea de que el hombre es un ser social y hasta cierto punto nuestra propia experiencia nos demuestra que esta afirmación cobra sentido puesto que todos hemos nacido en el seno de una familia y por tanto formamos parte de un grupo de convivencia, de una comunidad.

El problema es cuando la palabra “Social” toma un peso y relevancia que no le corresponde y “Lo Social” y por ende, “La Sociedad” se valora más que el individuo, el Ser, que pasa a un segundo plano. De nuevo nos encontramos en un caso de Ingeniería Lingüística para el Control Mental.

Si lo pensamos bien deberíamos expresar que el hombre es un ser relacional, a quién le gusta de compartir la experiencia vital y que su relación esencial compartida tiene que ver con la comunidad.

Las relaciones familiares y los lazos con aquellos que tenemos más próximos, con quienes compartimos experiencias, historia y construimos la vida, conforman de alguna manera nuestra comunidad. La comunidad tiene sentido, tiene vida, y nos ayuda a desarrollarnos mutuamente en un propósito de evolución común. En la comunidad el hombre conoce su esencia y la aporta, y reconoce la esencia de sus congéneres, conocimiento, respeto, armonía, Sentir y respeto  mutuo.
 

 
Cuando existiese una interrelación entre comunidades nos podríamos empezar a referir a la sociedad como un ente aglutinador mayor. Sin embargo «la Sociedad» actual, poco tiene que ver con la sociabilidad del hombre ni con la convivencia comunal, con la vida en común.
 

«La Sociedad»

 
«La Sociedad» actual basada en ciudades, no es para nada natural, como lo puede ser la comunidad que se crea en el momento que naces en el seno de una familia. Es algo artificioso, desnaturalizado.

«La sociedad» que aglutina teniendo más en cuenta el número de personas que no el Ser Humano en sí, pasa a ser algo ficticio, algo impuesto, algo que supera y no respeta la propia esencia, algo “legal” creado artificialmente. De hecho el término sociedad lo utilizamos también en el comercio, si lo pensamos bien, como un ente imaginario, ficticio.

De la comunidad que compartimos vida y esencia hemos pasado a «La Sociedad” de la que somos socios impuestos y arbitrarios que compartimos un futuro quizás planificado ni siquiera por nosotros mismos pero que nos arrastra y nos subyuga.
 

 
«La Sociedad» pasa a escribirse en mayúsculas y mi Yo pierde su esencia en cuanto a que “el bien común” que me impone esa sociedad, ese ente ficticio enorme y poderoso, me anula en demasiadas ocasiones mi libertad, esencia, y desarrollo del propio camino.

Actualmente, Sociedad simplemente significa en realidad que compartimos espacio y deriva vital, pero sin esencia, incluso sin relaciones profundas e intereses esenciales comunes, que quedan relegadas a las obligaciones y deberes impuestas.

Al contrario, la estructura de «La Sociedad» moderna, incluso fomenta la ruptura de las comunidades básicas, incluida la comunidad esencial como es la familia.

Esta tendencia destructiva de «La Sociedad» en realidad anula la esencia natural del hombre de compartir y co-crear en común la VIDA, en mayúsculas.

Si la sociedad aniquila al Ser Humano en esencia, debemos rehuir de esa «Sociedad».

No debemos supeditarnos a vivir en desarmonía, a compartir solo lo externo. Volvamos a dar vida a la comunidad que respeta la esencia natural y que suma y aprecia la esencia del vecino, del compañero, del que compartes el camino.

La comunidad está viva porque viven los componentes en ella  y tiene sentido. «La Sociedad» que anula el alma de sus componentes es un monstruo con vida artificial que nos lleva al abismo.

En esta «Sociedad» es habitual estar rodeado de mil sin conectar tu corazón y por tanto sentirte aislado (pareciera que tener mil «me gusta» (like) es sinónimo de ser social y sin embargo estar vacío, insatisfecho ya que no te aportan nada, a tu verdadera esencia…)
 

 
Por el contrario, puedes estar en una comunidad reducida pero de auténtica comunión (esta es la palabra que mejor define el espíritu del hombre: buscar la comunión y no ser social artificialmente) y no necesitar más pues puedes desarrollarte y cumplir tu misión de vida.

En «La Sociedad» aparentas, en la comunidad el hombre se muestra en Esencia, ES.

Como en esta sociedad lo importante es lo externo, se fomenta justamente eso, quedarte en un engendro tipificado que para nada es lo que eres.

Incluso puedes vivir aparentemente “solo” pero pleno. O ni siquiera tener un punto fijo de residencia, ser un nómada de vida pero que en cada momento, en cada lugar, establezcas relaciones verdaderas, respetuosas, armoniosas y que sean fructíferas y con ello tu compartir vital sea pleno.

Dejemos de asociarnos aleatóriamente, de acatar las normas de “La Sociedad” (¿qué es «La Sociedad»?: una suma de uniones arbitrarias) si son anti-natura.
 

Busca (o crea) tu comunidad, aunque sea dentro de «La Sociedad»

 

 

Aprende a Sentir. Aprende la Empatía. Aprende el dar y recibir sincero. Y en ese compartir mutuo, aprende a dar vida a las verdaderas comunidades.

Durante muchísimo tiempo la vida ha funcionado así. No dejes que «la Nueva Sociedad» te engañe con sus estructuras farragosas y frías. No somos hormigas sin nombre que siguen la fila para el bien de la «Reina Sociedad» disfrazada en el falso nombre del “bien común”.

Somos Seres humanos que Sentimos, Discernimos, que Compartimos y que tenemos la responsabilidad de aportar el propio valor, para co-crear, crear conjuntamente sí pero cada uno con su propio valor, un mundo con sentido.

Busca (o crea) tu comunidad, tu tribu, tu clan y disfruta de la comunión de relacionarte con el corazón con otros que te complementan y comparten. Vive en comunidad. Incluso puedes hacerlo dentro de «La Sociedad» en la que vives.

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