Mi yo dentro de la comunidad

 
Pareciera que seguir el instinto de nuestra propia libertad nos llevará sin remedio a topar con el límite de la libertad del otro, como si la libertad tomase la forma de un territorio o de algo físico.

Pero la libertad va mucho más allá, transciende, al igual que el espíritu, nuestra visión reducida y encapsulada de nuestro mundo 3D.

La libertad es un concepto espiritual que nutre y repercute nuestra experiencia terrenal. Al igual que nuestro espíritu forma parte de nosotros mismos, de nuestra esencia más auténtica, y a la vez es parte compartida con el otro, con el Todo, la Libertad en mayúsculas se compone con la suma entrelazada de las libertades individuales que forman un puzle y solo, en conjunto, tienen un sentido verdadero y profundo.

Por eso, nuestro vivir «personal» conforme al Sentir, al beber de la fuente que nos une, cobra un verdadero y pleno sentido cuando se convierte en un «convivir», es decir, en un vivir compartido. Es cuando el puzle cobra vid, a raíz de que cada uno de nosotros, como piezas indispensables, sabemos , comprendemos y llevamos a cabo nuestro encajar. Para ello desarrollamos nuestro Sentir, lo llevamos al máximo a la práctica en nuestra vida diaria y por ende nos conectamos sin remedio y empatizamos con el otro. Unimos las manos, los lazos, el corazón, la vida. Fundimos las fronteras del yo y formamos una nueva unidad, que cobra sentido a la vez que nosotros mismos tomamos sentido. Solo entonces sentimos la completitud en nuestra alma pues siguiendo nuestro propio camino hemos conseguido plasmar nuestro don, revertir en el otro nuestra propia esencia y hemos bebido a la vez como consecuencia de la esencia del otro.
 

 
Ese es el verdadero amor. El volcarse un tal cual es  y regalar nuestro presente al mundo en sintonía con la vida.
 

El reto de cooperar en construir comunidades conscientes y armónicas

 
Conseguir entretejer una comunidad armónica y en consonancia es pues uno de los retos, mejor dicho, una de las misiones de nuestra vida. Para ello, hay que abrir el corazón, escuchar la música para poder compaginar con armonía y alegría nuestra melodía y sumarla con las de los demás que  configuran nuestro proyecto común pero sin desentonar, buscando el buen acople.

Estamos muy desacostumbrados a escuchar.
Estamos muy desacostumbrados a observar.
Estamos muy desacostumbrados a trabajar el equilibrio.
Vivimos sordos a nuestro entorno.
Vivimos ciegos a la realidad vital.

Centrados en el guion egoísta que nos ha dado de mamar esta sociedad cruel y satanizada, donde se trata por todos los medios de aislar al individuo, de impedir las relaciones sanas, de demoler las comunidades primarias como es el caso incluso de la familia, de mirar solo para uno, para poseer, para pensar uno mismo sin la visión de conjunto, de compartir y convivir: crea desequilibrio.
 

 

Reaprender a convivir

 
Debemos re-aprender a reequilibrarnos en forma de comunidad. Tendremos que tener paciencia, voluntad y muchas ganas entusiastas. Aunque nos es natural, no es tarea fácil ya que no es en gran medida, en estos tiempos, nuestra costumbre. Se ha perdido la grandeza del diálogo puro. Todo el mundo o quiere llevar la voz cantante, y se genera conflicto, o quiere que le guíen para evitar la responsabilidad de la decisión del libre albedrio, rehuyendo de la libertad, pues es tal como nos han adiestrado y ello genera desequilibrio.

Entre conflictos y desequilibrios tenemos que encontrar las pautas de la sinceridad, de la calidez del abrazo mutuo, de la comprensión, del sumar, aprender y rectificar para ir construyendo nuevas comunidades donde se respire diferente, donde se hable diferente, donde lo que nos une y nos mueve será verdadero, esencial y no ficticio.

Donde no importe compartir y no se mida el «cuanto» sino la calidad con la que está impregnado lo que comparto. Donde se aprenda de todos.
Donde se ría conjuntamente.
Donde se entiendan los movimientos de la propia comunidad y se desechen las órdenes imperativas.
Donde reine el respeto, por uno mismo y por la propia comunidad.
Donde exista el honor y el compromiso.
Donde unas sencillas normas pactadas basten para regular y desaparezca el miedo.
Donde nunca más se funcione por obediencia o por temor al castigo.
 

 

Comunidades del Sentir

 
En los primeros albores de estas comunidades, va a ser imprescindible la conexión con el Sentir. Es ahí, en la voz que aporta el estar en equilibrio, de cuerpo, mente y espíritu, donde vamos a poder filtrar y servirnos de guía para poder reaccionar y marcar el rumbo y también los límites. Antes hablamos como se difuminan las fronteras individuales en cierto aspecto, pero la observancia de los límites es importante. Recordemos que: «todo suma, pero no todo vale«.

En esta primera etapa, que parte de la confusión, va a ser determinante dejar aflorar el Sentir, para saber si vamos bien encaminados, y a partir de ahí, si surge una desavenencia, un conflicto, poder trabajarlo en base a la esencia de la Ley Natural, estudiando «los porqués» y dando solución idónea a estos conflictos.

En la primera fase también es esencial que se definan los intereses comunes, el proyecto y una norma básica de comunicación y funcionamiento. Se trata de facilitar el buen caminar, el entendimiento para evitar mal entendidos y confusiones. No se trata de establecer prohibiciones.

 

Convivir y libertad

 
Volvemos a la libertad. ¿Puedo convivir (sobrellevar) que no se va a hacer todo de la manera que yo quiero? (quizás se utilice no con el esplendor que esta palabra posee, ya que convivir no es soportar, o sobrellevar, sino vivir plenamente en comunidad).
 

 
Deberemos aprender que hay mil caminos que llevan a Roma.

Quizás tu visión no sea la más acertada o idónea. O quizás sí. Pero, o bien deberás ser capaz de transmitirlo (deberás aprender a hablar, transmitir, utilizando la retórica) o darte cuenta de que tú no eres el único actor que va a participar en la película y no puedes hacerlo todo, y así debes dar pie a que otros agentes tomen acción coordinada. Es un juego de construcción. Construcción dialogada pero con previa escucha. Te darás cuenta de que la compensación del compartir, del convivir, te aporta mucho más que la falsa satisfacción de hacer lo que «yo quiero».

Ahora bien, tú debes saber y marcar el rumbo que va bien. No debes permitir de salirte de la línea esencial del Sentir equilibrado con la Vida. No debes dejarte llevar por la falacia del falso «bien común» y  desintegrarte dejando de ser coherente con la moralidad de la Vida.

A partir de ahí el camino hacia el rumbo es amplio y se va a poder avanzar de diferentes formas. Piensa que caminas en comunidad. Lo importante no es tanto lo rápido que se avanza, o lo perfecto, sino como se entrelazan los pasos conjuntos.

Lo importante es que los pasos sean firmes, armoniosos, libres, sinceros, se hagan con convicción. Si hay que retroceder, se hace, pero siempre con la sensación de plenitud que solo da el camino compartido.

Adelante pues, no temas, no temáis, adentraros en esta etapa de un nuevo compartir para crear una sociedad rica en comunidades plenas de Sentir, para transformar el mundo en la Vida que sabemos que está en nuestras manos y en nuestros corazones establecer.

ALURA! La magia de la Vida está en la Alegría del Corazón.

A llegado el tiempo de crear «Comunidades de Mentes Despiertas y Corazones Alegres«

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