Os proponemos una práctica chamánica para escuchar nuestro Sentir y revisar puntualmente nuestro rumbo, en base a una experiencia embriagadora e intensa: la observación del horizonte, una línea energética mágica, que a través de su observación y su atención profunda, nos conecta con nuestro interior y con la fuente.

Aconsejamos hacerlo preferentemente en la playa donde podamos ver la línea recta del horizonte donde se juntan el Agua y Cielo (emociones/pensamiento) o en un lugar alto donde podamos obtener una visión amplia de la línea de horizonte donde se junta la Tierra y el Cielo (cuerpo/pensamiento). Siempre tendremos el Sol (Fuego) como representante del espíritu.

Si es posible, elige el lugar al azar (en verdad, deja que elija tu Sentir).

Interpreta a tu manera la indicaciones de referencia que vienen a continuación, ya que como hacemos habitualmente, son bastantes metafóricas.

Sentir la línea del horizonte.

El horizonte no es un límite, no es una frontera, no separa. Es más bien una conexión. Todo es continuidad, sin ruptura. Nada es abrupto. El horizonte es amigable. Difumina. Confluye.

El horizonte es por tanto parte del NO TIEMPO, NO ESPACIO, esa zona mágica donde podemos comprender, comulgar con lo más profundo. Punto de encuentro de las divisiones.

Por eso, cuando quieras conectar, mira el horizonte. Si lo haces al anochecer o al amanecer, donde la luz y el día y la noche también se entrelazan y el uno es también el otro, y compartes su esencia, todavía te será más fácil la conexión de tu Ser con el Todo. Así es.

La línea del horizonte marca el equilibrio. Adentrarse en ella. Matices de colores. La conexión entre la oscuridad y la luz. Mantén los ojos bien abiertos y conscientes. Pon toda tu intención y atención. Adéntrate en la línea del horizonte. Cada vez un poco más. Sumérgete en la línea del horizonte. Siente la calidez en tu corazón y deja fluir tus palabras, emociones, llenas de verdad. Siente la conexión con la fuente. Siente la conexión con tu interior.

Siente tu cuerpo bañado en los colores del horizonte. Siente la suave briza de las ideas acariciando la piel. Camina hacia adelante al son del viento.

Del panorama habrá una señal que te indica el rumbo. ¿Horizonte roto?, ¿Horizonte plano?.

Visualiza tu punto de montaña con visión global. Busca las luces escondidas en el follaje del invierno. Hay que buscarlas, hay que encontrarlas.

Atalaya sin ramaje, libre de visión. Encuentra las sombras que sobresalen del equilibrio y que no forman parte del paisaje físico.

Busca un momento de descanso en los collados, lugares de transición y de paso.

En el panorama que se sumerge en el horizonte, encuentra y siente las luces que calman, que atraen la paz. ¿Están Aisladas? ¿Están en grupo?¿Están en comunidad?.

Descubre la dispersión provocada. Luz artificial que entorpece la vista de las estrellas. Apagada durante el día pero encendida por la noche para que no dejes de ver una sola realidad.

Detecta en el horizonte tu antena fija que no se alinea con el rumbo. ¿Cómo es?¿Para que está ahí?¿La necesitas?

Vuelve del trance y agradece al horizonte por estar ahí, siempre para ti, siempre para todos.

Revisa tu vivencia

Una vez hayas acabado la práctica, haz una pequeña retrospectiva para rememorar los momentos vividos y certificar que no ha sido una fantasía, sino una vivencia real. Si te apetece, anota la experiencia o grábala en audio, o háblate en voz alta, lo que prefieras. Guarda tus experiencias en tu bitácora chamánico.

Si lo pones en práctica y te apetece, comparte tu experiencia con nosotros.

ALURA: La magia de la vida está en la Alegría del Corazón.

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