No nos gusta que nos juzguen. Ni siquiera nos gusta hacerlo sobre nosotros mismos. Ansiamos la perfección y nos sentimos vulnerables ante la crítica y la auto-crítica.

A nuestro ego, maquinaría por excelencia de nuestra autodefensa, le molesta mucho frases tan importantes y sinceras como: «ESTOY EQUIVOCADO» Y «YO NO LO SE».

En primer lugar, me he equivocado nos enfrenta de lleno, cara a cara, con nuestra propia humanidad. No somos máquinas. El Ser Humano que somos elige, a veces se equivoca, lo reconoce y puede rectificar. Así, ser consciente de un error, de una mala elección, de una mala conducta, surge después de una mirada interior, una introspección que el ego, nuestra carcasa superficial que nos ayuda a movernos por este mundo físico, no entiende.

El ego no reconoce la equivocación. El ego por naturaleza se desayuna de un narcisismo exacerbado que en el fondo parece tener el noble propósito, a su ver, de cuidarnos la autoestima: ¡soy perfecto!¡soy infalible!¡soy el mejor!¡Los demás se equivocan!¡yo imposible!

El ego intenta evitar todo lo que nos incomoda.

 

 
Sin embargo, si quedamos sujetos bajo sus riendas, desconectados de la conexión interior, del Sentir, vamos a ser incapaces de conocer en realidad al Ser Humano que somos en esencia, que es quién debe tomar las riendas de la vida y lo vamos a confinar a las directrices del personaje dictado por el Ego, incapaz de evolucionar.

Reconocer el error para entender

Reconocer la equivocación significa crecer en el entendimiento de la vida. Es una reflexión sana de nuestra propia madurez. Implica ver en profundidad como somos, como fuimos y hacia adonde nos gustaría ser en consciencia.

Al reconocer nuestro error y aceptar que nos hemos equivocado, en realidad estamos dando un paso agigantado de respeto y responsabilidad hacia nosotros mismos y nuestra intervención en el mundo. Es un acto de humildad que a la vez nos engrandece. Nos valoramos más y la propia estima, hacia nosotros y hacia la propia experiencia vital, se transforma en verdadera.

Para reconocer el error, ponemos en marcha nuestro mecanismo de comprensión del mundo: de lo correcto de lo incorrecto, de lo que está bien y está mal (Ley Natural). Gracias a la evolución y aplicación del discernimiento, pero en conexión con el filtro del Sentir.
 

 
Cuando ponemos de lleno el corazón vamos, de una parte, a proceder a sanar la equivocación en si, y la mella que ha causado en nosotros mismos y en el mundo y vamos a proceder a rectificar, redirigir el rumbo y compensar el desequilibrio que nuestra acción, nuestro pensar y nuestro proceder hayan creado anteriormente.

Reconocer a través del Sentir

Para reconocer el error, tenemos que tener activado nuestro corazón valiente pues vamos a mirar cara a cara a aquello que no nos gusta de nosotros mismos, nos vamos a enfrentar a la verdad y vamos a tener el empuje valiente del cambio. El reconocimiento y la asimilación del error nos va a devolver el equilibrio: sabemos quienes somos y en que punto estamos. No permitiremos más que el ego nos engañe.

Enrocarse en que uno es perfecto te aleja de la propia esencia humana.

Mientras más en consonancia estemos con nosotros mismos, más en eje, más fácil nos va a ser reconocer nuestros error y pronunciar «me he equivocado«, pues partiremos de un estado anímico de paz que es el que queremos conservar y al que queremos  tender. Valoramos nuestro propio valor y nos mostramos a los demás tal cual somos, señal inequívoca del verdadero empoderamiento y control de la propia autoridad desde el Ser y no desde el ego.
 

La grandeza de reconocer la propia ignorancia

 
Lo mismo sucede con el «YO NO LO SE». Reconocer la propia ignorancia es el primer paso para abrirse de nuevo a la adquisición del conocimiento y a la búsqueda de la verdad. De nuevo, tal como sucedía con el reconocimiento del error, estaremos en disposición de trabajar con nuestro desconocimiento y va a ser la manera de poder crecer.
El ego va a intentar con sus mecanismos habituales que no te expongas: ¡Qué van a pensar de mi si no se la respuesta!¡Voy a quedar como un tonto!¡Voy ha quedar en ridículo!
 

 
En ese estado egóico es cuando o bien asentimos ante una explicación que realmente no entendemos, o bien activamos el mecanismo de falsear y seguimos con la comedia de nuestro personaje egóico y hasta somos capaces de dar consejos a quién tenemos delante cuando en realidad carecemos de la sabiduría para hacerlo.

La sensación por fuera es que «hemos salvado el tipo»  y el ego queda contento, pero la sensación interna, por poco que seamos sinceros con nuestra conciencia, suele ser de un peso, un «chirriar» en el alma que viene desde nuestro Sentir que sabe que hemos actuado incorrectamente y con cobardía, lo que al final es una traba para el propio desarrollo personal.

Aceptar la mentira, incluso con nosotros mismos, es mucho más un autoengaño, más que un engaño hacia quién tenemos delante, que también.

Recuerda pues cuando tu ego te ponga a prueba en estas cuestiones que la el alejarte de la verdad en realidad te está estancando en tu crecimiento esencial y de tu Sentir como ser vivo.

No tengas miedo a reconocerte como eres, a expresarte en esencia o como sientes, a decidir, a equivocarte, y sentir en plenitud la transformación constante de tu Ser, en armonía y paz interior. De eso justamente trata el juego de la vida.


NOTA IMPORTANTE: En los momentos importantísimos que vamos a vivir, es fundamental ser sinceros con nosotros mismos y revisar nuestras creencias y paradigmas y reconocer que algunas de ellas pueden estar equivocadas. En los próximos años, según los acontecimientos actuales, es muy probable que vayamos a tener que tomar decisiones esenciales en nuestra vida y en nuestro mundo. Disponer de un entendimiento equivocado de la vida y estar alejados de la verdad nos puede llevar a un callejón sin salida hacia el encuentro de la desdicha y la y la perdida de nuestra esencia humana, nuestra chispa interior divina (transhumanización). De nosotros depende hacer el trabajo que nos corresponde.

 

 

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