Seguimos mirando hacia afuera. Seguimos esperando un salvador.
Seguimos pensando en el futuro como algo ajeno a nosotros, que no depende de nosotros, de nuestra acción y de nuestra inacción.

No tomamos el toro por los cuernos. Eludimos nuestra responsabilidad. Nos place, nos es más cómodo quedarnos en la posición de observador y a la vez ser jueces y juzgar lo que acontece. Los hay que no piensan ni sienten, que están atrapados por las garras del mal.

Pero, tú, que eres consciente, que discierne, que ves el avance del mal te lavas las manos pensando (o exigiendo) que ya actuará la justicia divina, sin darte cuenta de lo esencial, que tú estás ahí y tienes poder de decisión, de acción y de transformación.

Sin darte cuenta que al no actuar con coherencia estás apagando la chispa divina que hay en ti, colaborando con el desequilibrio y el caos.

Dios no es ajeno a ti. La vida no es ajena a ti. Tú formas parte activa de la vida. Debes aportar al máximo lo mejor de ti: tu sabiduría, tu coherencia, tu conciencia, a este mundo loco.

Dios no tiene manos si tú no las mueves, si no creas.

Es iluso pensar que los malos recibirán su merecido con la justicia divina al final de los tiempos, si tú simplemente miras en el ahora y no pones de tu parte para el cambio.

Si solo te quejas de lo mal que está todo, la corrupción, la justicia,…Si te quejas a Dios y esperas que aplique su justicia es que no has acabado de entender que debes propiciar, debes sembrar, debes escoger, debes rectificar aquello que está al alcance de tu mano y tus manos y tus obras serán divinas.

Se necesitan manos llenas de coraje, de voluntad, manos sabias que guíen, que conduzcan, que muestren al mundo otra manera de ser, de hacer, de sentir, y de vivir.

Se necesitan manos de justicia divinamente humanas que desafíen a una sociedad enferma, caótica, y que elaboren una nueva manera de pasar por la vida.

Se necesitan manos llenas de verdad, de alegría y también fuerza para decir basta, para plantar cara a lo indigno, a lo inaceptable, para mostrar la cara, las manos, el corazón de la Divinidad en la Tierra.

Cuando pases a la acción, en ese preciso instante, se producirá la primera onda que revertirá la tendencia. Se sembrará armonía y se empezará a contrarrestar la injusticia, el desequilibrio.

La justicia divina que esperas está en la acción de tus manos divinas.

yo creo y yo creo

Sé agente activo de las consecuencias de la Ley Natural.

Tú, ser consciente de lo que pasa, ¡estás aquí precisamente por algo!.¿Lo sabes ya? Es hora de actuar.

O te lavas las manos o pon las manos al servicio del cambio. No sirve de nada decir «esto no va conmigo, la divinidad ya hará justicia».

No lo pienses y actúa según tu Sentir, la voz de la Divinidad, siempre acorde a la Ley Natural y contribuye a que la justicia divina se aplique en el aquí y el ahora.

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