El respeto tiene que ver con el reconocimiento, en mirarse en profundidad con los ojos del corazón. El respeto nada tiene que ver con el miedo. El respeto nada tiene que ver con la aceptación sin más, con el todo vale. El respeto no es sacrificio.

El respeto implica un conocimiento profundo de lo que está bien, del equilibrio, de la moral.

El respeto no es a la persona, el respeto es a la verdad, al equilibrio, a la justicia, a la vida.

Respetar al otro no es dejarte hacer lo que le de la gana, si eso infringe la Ley Vital, la ley de la Armonía.

Respetar al otro no es una visión correcta del término, debería ser el concepto de respetarnos, que va más allá del concepto de yo frente a ti.

El respeto incluye a mi mismo, a mi Ser en cuanto que se refleja en tu persona y nuestro respirar conjunto, me afecta y me modela.
Deberíamos empezar entonces por el auto-respeto, es decir la responsabilidad de cuidarme, amarme, protegerme y ponerme límites ante el mal, la injusticia y el desequilibrio.

Puedo respetar cuando siento en empatía y conecto con ese otro ser que bebe de la fuente y comulga con mi esencia. Es decir, se intercambia en armonía constructiva, que me enseña, que me aporta, que incluso me corrige y me ayuda a redirigir mi camino, mi visión del mundo.

Sin embargo no es respeto cuando callo y otorgo o cedo ante ese ser que ante mi se presenta egoísta, desequilibrado y falto de conciencia.
Que me impone, que me subyuga. Ante él debo ser inflexible, ser fuerte, ser estable, ser más yo divino que nunca, brillar y dar lo máximo de mi para que me vea y se empape de luz y verdad. Solo esa luz y verdad se interpone entre tu y yo y nos conecta. De esta manera me estoy respetando y respeto a la vida, y a la vez la estoy haciendo respetar, dando la oportunidad a ese ser desconectado para que se suba al carro de la esencia.

Con poco que mire, con poco que ponga de su parte, ahí tiene la entrada, ahí tiene el espejo, el reflejo de la armonía que su ser ansia. Es una oportunidad de toma de conciencia, enfrentarle a la verdad.

Flaco favor hacemos si toleramos lo intolerable, si ignoramos que cediendo nuestra paz estamos alimentando al desorden y la paz. No todo es respetable, no todo vale y si todo cuenta.

Quizá en ocasiones estemos lidiando con seres que estén al límite, que no den más de si. Con más insistencia hemos de ser inflexibles. No lastimarlos, pero no lastimarnos a nosotros mismos. Es decir, debes dominar la situación, ser tu quien controla, quien decide. Si ellos son incapaces de tomar decisiones sabias desde el Sentir, tu debes ser el guía pues son seres inmaduros.

Respeto se da cuando tu actúas como es debido y no dejas que él se salga con la suya y alimente el caos. Es la única manera que tienes para mostrarles el camino. En el fondo de su ser esa persona sabe lo que es correcto y tu se lo estás mostrando aunque de pataletas. Tú estarás obrando bien y tu alma y su alma te lo agradecerán. Entonces lo estarás respetando, actuando de la manera correcta.

Repetimos, no es respetar o respeto el dejar que haga lo que le plazca si es contrario a la armonía. Es una irresponsabilidad, no solo por su parte sino por la tuya.

Aleja pues toda creencia inculcada sobre el respeto si ralla la convencionalidad. El respeto a la autoridad, el respeto a los padres, el respeto a la «ley del hombre». ¿Te das cuenta que ese respeto significa más bien una obediencia ciega, un no poner límites, un sacrificio? ¿Dónde queda la verdad?¿Donde queda la justicia?¿Donde queda el discernimiento? y sobre todo ¿Dónde queda el Sentir?

Tener respeto por alguien no quiere decir dejarle vivir entre las nubes, no tocarle para que no tenga que confrontarse con la propia verdad. Tener alguien entre algodones no es respetarlo, es colaborar con el mal que le impide madurar y avanzar.

Para tomar consciencia hace falta aprender y Sentir. No se tomará consciencia entre las cómodas fauces del mal que manipula el miedo y las relaciones.

Es una falta de coherencia permitir que en nuestras vidas, con la excusa de un respeto impuesto (ya sea por lazos familiares, ya sea por «leyes» absurdas,…) nos controlen y nos capen, nos manipulen y nos obliguen a actuar contra el Sentir.

Solo cuando nos respetamos y respetamos la esencia vital, devolvemos la dignidad y el valor a cada paso, a cada aliento vivido.

Si hay miedo no hay respeto.

 

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