Mejor sería el dicho: SUELTA LO MALO CONOCIDO Y CREA LO BUENO A CONOCER.

¡Cuánto nos cuesta empezar de cero! Si supiéramos los beneficios de ponerse manos a la obra, del crear.

Nos cuesta tomar la responsabilidad de ser generadores.
Nos cuesta ponernos en brazos de la incertidumbre.
Nos cuesta ser pioneros y abrir camino.
Nos cuesta incluso dar el primer paso, poner la primera piedra.

Es mucho más fácil, a priori, subirnos a la inercia de lo ya existente. De esa manera nos quitamos responsabilidad. Participamos del «siempre ha sido así», «si no funciona no ha sido culpa mía» y en el caso de tener conciencia de que un cambio es necesario, descartamos el borrón y cuenta nueva y miramos de maquillar con alguna aportación nuestra lo ya existente, si cuestionarnos su origen, su significado, su idoneidad, su sentido.

En la mayoría de ocasiones, este «apaño», este transformar se convierte en una tarea más ardua. Y aunque la decisión de elección sea más fácil por continuista y porque no nos implica lanzarnos a la aventura, es mucho más difícil que el resultado de nuestras acciones se acerque al objetivo en verdad anhelado.

No estamos para nada centrándonos en el significado que la palabra «viejo» y «nuevo» conlleva en los tiempos actuales. No se trata de usar y tirar, no se trata de que los ancianos sean repudiados o el no quiero envejecer y ser eternamente joven,… Hablamos de ciclos, de renovación, de actualización, de avance, de revisión, de comprender el rumbo y también de permitir aflorar el valor intrínseco que cada uno de nosotros posee.

Es verdad que la vida son ciclos, y si bien se dice que está todo inventado, todo está por crear, desde nuevas perspectivas y enfoques, cuando hemos analizado, reparado y corregido los errores o maneras de hacer actualizándolos a nuestra Alma.

Muchas veces nos puede el apego, nos puede el no querer cambiar. Así, ante un problema, ante un barco que hace aguas, nos empeñamos en parchear, amoldar, cuando quizás la base, el motivo, la razón de lo que tenemos entre manos, esté obsoleta.

Así perdemos la energía, el tiempo, la fe, la creatividad, el poder y capamos nuestra parte más creativa y no nos damos al máximo a pesar de perder nuestra fuerza y nuestra vida en continuar trabajando en lo que hace aguas.

Quizás enfrentarnos a desmontarlo todo nos deja en pañales, nos sentimos desprotegidos. Sin embargo ese el mejor momento para partir en una nueva dirección que no sea la nuestra en ese momento o quizás retomar la misma dirección con otro ritmo u otros pasos. Y es que muchas veces, la línea continuista nos lleva a un callejón sin salida donde resulta imposible seguir avanzando por más que nos obcequemos a continuar.

Cuando tomamos la decisión del cambio total, cuando nos abrimos a generar, contamos con el apoyo ilimitado de infinitas posibilidades de hacer el camino. Es una deriva creativa, un empuje que si se alimenta suficientemente en sus inicios, si lo acompasamos con nuestro Sentir, nos va a llevar a buen puerto repletos de entusiasmo.

Cuesta más la decisión de escoger empezar algo nuevo. Es más cómodo seguir lo conocido. Pero cuesta mucho más esfuerzo continuar con las estructuras ya marcadas que desde su base están mal enfocadas y va a ser un caos y una pérdida de tiempo y de vida, y de oportunidades. Es más gratificante poder crear nuestro sello creativo personal.

¿Qué nos frena?

En parte saber que iniciar algo nuevo requiere de ese esfuerzo creativo y energético inicial lleno de incertidumbre.
En parte saber que en ocasiones aquello que nosotros iniciamos no vamos a poder verlo finalizar porque sean muy probablemente otros los que deban proseguir el camino iniciado.

Sin embargo cuando tomamos conciencia de que el asunto es insostenible, carece de sentido, se aleja del equilibrio natural, se hace completamente necesario e imperante tomar la decisión y no dedicar más tiempo a lo insalvable. Es momento de tomar decisiones. Es momento de cambios.

Es momento de decir adiós y volver a un nuevo inicio, desde el corazón, desde el Sentir, desde la pureza que nos nutre el propio centro. Es tiempo de quitarse las máscaras y corazas del viejo mundo, de una sociedad que se había perdido en túneles inciertos. Una sociedad alejada de la ley natural, con gentes que se mueven en automático y construyen sobre arenas movedizas.

Una sociedad enferma con el corazón gangrenado, envenenado, sin alma. Con un devenir de locura, donde es un imposible aportar pinceladas de bondad, de cordura, de sentir, de discernimiento que puedan ser realmente transformadoras para revertir lo que se avecina. Y es que siempre se cierran los ciclos para empezar de nuevo.

A veces la bola se ha hecho tan grande que el peso de la inercia la lleva a su colapso final en carrera vertiginosa. Ahí poco puedes hacer, imposible parar el golpe. Por ello lo primero es bajarte lo antes posible de ese mundo.

Sin embargo tienes opciones de pasar a la acción. No sigas desgastándote en trabajar ese mundo loco que da vueltas hasta su destino final. Puedes aportar tu luz, tu energía, tu Sentir y plasmarlo en un horizonte nuevo. Y no te exijas mirar atrás. Olvídate de las antiguas convenciones, de los antiguos parámetros corruptos que ya no sirven, que no vibran contigo y céntrate, enfoca tu intención tu Sentir, tu Sabiduría en crear lo nuevo, acorde a esa vibración con la que conectas. Poco a poco. Dibujando con esmero. Avanzando en positivo. Porque cuando solo miramos con apego lo que se autodestruye se atenúa el poder de nuestro Ser.

Sin embargo cuando generamos, cuando creamos, se expande una energía positiva que contagia con alegría a otros corazones que nos acompañan en este nuevo inicio.

Poner al servicio de creación nuestro Ser nos va a suponer esfuerzos. No es una línea plana. Es un parto. Es una vida nueva. Pero no nos va a desgastar. Es duro porque hay que superar la incertidumbre, has de asumir la responsabilidad, pero te va a energizar por la satisfacción. Nos va a llenar. Nos va a inspirar. Y va a volcar lo que somos en lo que nos rodea con una esencia realmente hermosa. Lo que desgasta es estar en algo inútil. Es más cómodo, pero te consume por dentro.

Tenemos una gran oportunidad a la vista, de poner todas las ideas, los retos, las sanas locuras en el asador.

Siempre que lo hagas con ilusión con sentido va a ser una fuerza realmente transformadora, generadora de luz que realmente eclipsará a ese mundo que en paralelo se a a ir quemado en el infierno del caos. La vida es creación, por lo que te va a acompañar y te va a abrir paso, a la vez que se deshace del cáncer de la sociedad actual tóxica.

No esperes que todo explote para ponerte en acción. Ahora ya es momento de dejar de lado lo anterior, lo que no vale y ponernos a la obra con lo nuevo.

Tenemos la gran oportunidad de ser los constructores iniciales de este nuevo mundo armonioso acorde con la vida, y podemos hacerlo de mil maneras diferentes.

Poco a poco, paso a paso, piedra a piedra, golpe a golpe, verso a verso, y latido a latido.

Poniendo el físico, la mente y el corazón en manos de nuestro Sentir.

Si cada uno de nosotros toma las riendas, un nuevo mundo se nos irá haciendo perceptible y real.

No nos conformemos con menos. No construyamos lo mismo en base a las mismos paradigmas erróneos.

Confiemos en nosotros, en la vida y tengamos una vida más plena.
No seamos mediocres, siempre a remolque, a medio gas.

Somos arco-iris en potencia. Plasmemos nuestro color en el nuevo mundo, nuestro ritmo y nuestra música. Nuestras sonrisas.
Huyamos de la falsa comodidad de dejarnos seguir con tal de que nada cambie, de no enfrentarnos a la incertidumbre.

Si crees y creas, todo es posible, está en tus manos, en tu corazón, en tu Sentir.

¡Alura! La magia de la vida está en la Alegría del Corazón
 

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