¿No has vivido en alguna ocasión de que una observación que han realizado sobre ti te ha sacado de tus casillas?¿Ha hecho que expulsaras toda tu furia desbocada?¿Te ha puesto “enfermo”?

O al contrario, ¿No te ha pasado que has mostrado, con toda tu buena intención, un problema que crees que existe en otra persona y ella a reaccionado con ira desmesurada?¿o niega rotundamente de forma amenazante y violenta que tal problema no existe?

 

¿Por qué nos molesta y nos irrita que nos muestren nuestros problemas esenciales?

Precisamente porque nos esforzamos mucho en ocultarlos en capas y capas de mentira y autoengaño.

¿Cómo alguien es capaz de ahondar y decir (airear) lo que se oculta con tanto ahínco?

Es como si te desnudan y te sientes en un primer momento vulnerable, indefenso, incluso “feo”, no sabes que pensaran los demás sobre tu verdadero SER (se presenta la duda a la aceptación).

 

 

Y más cuando los otros, quizás, eso piensas tú, siguen con sus estrictos dogmas (desnudar tu cuerpo es pecado, una creencia generalizada).

No es fácil aceptar que te saquen de tu zona de comfort, que te quiten la máscara, no todo el mundo está preparado, aunque puede haber gente que se sienta en el fondo reconfortada a pesar de la incomodidad del momento.

Después de ese agobio inicial (el golpe nos lo llevamos) realmente se habrá golpeado la carcasa que encierra en la propia cárcel y quizás se pueda empezar a vislumbrar algo de más luz en tu vida, más opciones (la verdadera opción, entra aire fresco, se amplia el abanico de posibilidades).

La primera reacción en todos, si o si, es un toque o pequeña estocada. Están hurgando directamente sobre una herida que queremos olvidar y que escondemos sobre multitud de tipos de vendajes. Posiblemente esa herida esté putrefacta al no dejar que se aireé y se cure con los elementos naturales de la propia vida. Es el momento perfecto de darse cuenta de que está ahí.

¿Estamos preparados para escuchar nuestra verdad?

 

 

No todo el mundo esta preparado para reconectar. Hemos de respetar el estado de cada uno y de nuestro propio estado.

En el caso de que queramos mostrar, con toda nuestra buena intención, una debilidad, una herida a la persona que tenemos en frente, deberemos sentir susceptiblemente cada caso: Si hay un aviso de pedir ayuda que vislumbras o ya le está bien por ahora seguir con sus creencias, vestidas, en ese momento.

Todo tiene que madurar, no podemos acelerar el proceso.

En el caso que nos toquen a nosotros en una herida no sanada, es el momento perfecto para sacar nuestro observador interior y ver en que estado se encuentra, como reaccionamos ante ella, que creencias hay detrás de ella, que podemos hacer para sanearla, etc.

Aprovechemos la ocasión que nos brinda el mensajero que tenemos adelante y agradezcamos que nos ha dado una oportunidad para sanarnos, mejorar en nuestra versión y transcender ese problema.

Puedes aprender más en nuestros talleres vivenciales y en el libro "El PODER del SENTIR en tu día a día"

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