Si no paramos atención, no nos damos cuenta de que vivimos encarcelados. No hablamos de físicamente, aunque muchas veces nos auto-limitamos y nos confinamos a vivir siempre en el mismo lugar, haciendo lo mismo, y con la misma gente a pesar de Sentir que tengamos un alma viajera.

Hablamos de como vivimos enclaustrados en patrones de comportamiento, en celdas de conocimiento y nos limitamos a repetir, y repetir lo que nos dicen, lo que nos muestran.

Nos limitamos a ver solo lo que se nos presenta como «la normalidad» y vamos anulando poco a poco y cerrando con llave el paso a nuestro mundo interior, donde reside nuestro poder creativo, nuestro espíritu libre que afana crear nuestro mundo.

Estamos «adiestrados por adiestrados» en una cadena sin fin.

Aprendemos a seguir pautas, patrones, maneras de ver el mundo solo de una manera y ahogamos cualquier atisbo de diferencia o genialidad, tildándolo de anormal, problemático,…

Nos adiestran en la uniformidad, en el «solo hay un camino posible», y mientras más seguimos los dictámenes de la sociedad, alejándonos muchas veces de nosotros mismos, más nos premian, nos valora la sociedad y pasamos a estar preparados para adiestrar «convenientemente» a la siguiente generación.

Mientras menos preguntas hagas, mientras más acates, mientras menos te cuestiones otras posibilidades de proceder diferentes a las que te han enseñado, más apto serás para el sistema.

Un sistema que busca ahogar, anular la creatividad, la imaginación, el avance natural y quiere absolutamente controlarlo todo.

Nosotros como «corderitos» aprendemos a acatar órdenes, a ver como normalidad cosas inhumanas, como estar ocho horas encerrado y sentado en un pupitre, y así en una empresa más tarde.

Nos matan la mente y el ánimo curioso de niño que se hace mil preguntas y quiere aprender y experimentar y nos enseñan a llenar las cabezas con palabras huecas que solo hacen que entretener el momento presente pero que no nos sirven para el futuro, pues simplemente debemos vomitarlas. Eso sí, en el mismo orden y sin variar ni una coma. No nos dejan jugar con ellas, analizarlas, comprenderlas, cuestionarlas, y utilizarlas para crear y avanzar.

Nos impiden de esta manera descubrirnos como creadores del mundo. No sabemos cuestionarnos nada. Nos lo tragamos todo y eso merma nuestras capacidades, nuestro poder.

Pensamos que solo hay un camino, que el «mundo es así», que somos insignificantes y que lo único que debemos hacer es seguir en el rebaño.

Aprender a vivir

Para poder aprender realmente de la vida, deberíamos olvidarnos de todo, de lo que hemos aprendido, tal y como lo hemos aprendido y comenzar de cero, valorando ahora, desde nuestro Sentir, desde lo que realmente sentimos. Empezaríamos a tener menos límites, podríamos aprender, descubrir, crear sin que nos digan hasta donde es posible, ni si está bien o no, porque seré yo el que tenga la experiencia y la certeza. Me convertiría en mi propio Maestro y mi propia luz podría guiar a otros en su camino.

Sin embargo, me enseñaron a no salirme nunca de la raya. A hacer justo lo que me pedían y no otra cosa.

A repetir como un «lorito». A nunca improvisar. Me dijeron que solo me podrían valorar del 0 al 10. Lo más importante: seguir las normas. No ser diferente ni rebelde, para así tener premios y evitar los castigos.

Me enseñaron a no cantar, a no reír en clase.

Me mostraron que era importantísimo destacar, ser mejor valorado que los otros para poder ser alguien (las notas).

En ningún momento nos enseñaron la fuerza de la comunión del grupo, donde cada uno era capaz de aportar algo propio de si mismo. Todos haciendo lo mismo. Todos repitiendo la misma historia, pero literalmente, desde pequeños, una y otra vez, a veces sin demasiado sentido ni innovación.

Basta mirar los programas de estudios para comprobar lo que estamos hablando.

Me hicieron olvidar nuestras manos, capaces de construir y crear. Me mutilaron mi cuerpo doblegándolo a una silla. Me hicieron sacar de mi cabeza mis ganas de moverme, mi libertad de descubrir y crear por mi mismo.

Me enseñaron a no preguntar.

Es de vital importancia volver a cuestionarse las cosas que notamos que chocan con nuestro Sentir, que son incongruentes. Es la manera de avanzar y de volver a prestar atención a lo que realmente nos interesa en Esencia.

Permitámonos a volver a ser como niños, con la avidez de aprender, experimentar, pero liberándonos de maestros, de límites, de doctrinas, de cadenas. Y veamos hacia adónde y hasta adónde llegamos.

Descubriremos nuestro potencial adormecido, un potencial creativo y genial maravilloso que nos va a llevar a desarrollarnos en el camino de la plenitud, pues dejaremos aflorar a nuestro ser sin restricciones, con sus talento y dones y recuperaremos seguramente nuestro entusiasmo por la Vida.

Plantéate hacer un reset de todo lo aprendido: de creencias, de hábitos, de normas, de historias,… Mira con ojos llenos de curiosidad por disfrutar y saborear lo que nos rodea y seguramente empezarás a comprender y a «apre-hender» de forma diferente. Una nueva mirada te llevará a una nueva manera de acción, pues dispondrás de otros elementos diferentes para poder elegir y crear y así cambiar de manera sustancial nuestra sociedad.

Nunca te sientas inferior a esos adiestradores que no aportan nada de su esencia, sino que se limitan a repetir como «loritos».

Aprende a reconocerlos y Se tu mismo. ¡Desatrofiate! Piensa, Siente, muévete, ríete,…

Descubre y Crea, sin límites. Así eres tú. ¿O no lo crees…?

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