La capacidad de decidir, elegir hacia donde ir, como reaccionar, el siguiente paso a tomar… es quizás una de las características más importantes que diferencia al ser humano de otros seres que conocemos del planeta tierra. Nuestra libertad personal radica en gran medida en ejercer libremente y de forma consciente esa capacidad de decidir.

Paradójicamente quizás sea está la característica de la que generalmente más huimos y sobre la que más nos manipulan. Podemos observar a nuestro alrededor un miedo latente generalizado a la hora de decidir. Quizás este miedo venga de la idea de que equivocarse es malo, miedo al fracaso (terrible palabra esta última)…¿equivocarnos a que?, ¿quizás el error no forma parte del proceso natural de la evolución?.

En el fondo, si nos observamos un poco, nos encanta ejercer nuestro derecho legítimo de elegir pero en muchas ocasiones nos genera un vértigo atroz valorar todas las posibles opciones que tenemos de elección en cada oportunidad, sobre todo al SENTIR que hay opciones que optan con fuerza pero va en contracorriente de lo que nuestro “mundo exterior” supone que es lo correcto o es lo posible.

Observo que inconscientemente buscamos la elección fácil, acotada, con un número muy limitado de opciones y con el convencimiento que es así y no hay más. Elegir entre A y B, entre este partido político y este otro, entre este equipo y este otro, viviendo en el coto perpetuo de este círculo vicioso…

Esta trampa ilusoria ofrece una oportunidad única para manipularnos sobre nuestra esencia de libertad de elegir y dirigir nuestra elección a los intereses de terceros (en la venta, en el voto, en la inversión de nuestra tiempo y vida).

Continuamente tomamos decisiones  de forma condiciona pero nos genera felicidad, nos hace sentir poderosos dándonos la tranquilidad que en el fondo ha sido nuestra elección, aparentemente libre, “una elección democrática“, aunque si somos honestos, en verdad ha sido una elección “castrada”, dirigida, manipulada.

Decidir es una herramienta para forjar nuestro camino y el flujo de nuestro devenir. Deberíamos realizar un uso responsable y consciente de nuestra capacidad de decisión.

¿Decides por ti? ¿O decides por ellos?

En cada instante tenemos la oportunidad de decidir.

No nos damos cuenta que todo es movimiento. De ahí la importancia de tomar conciencia para poder decidir el hacia adonde. Nos movemos irremediablemente y cambiamos a cada instante imperceptiblemente.

Debemos determinar, decidir el rumbo, nuestro rumbo, en cada instante, es esencial.

Paso a paso, cuando es decidido, se acorta el destino. Milagrosamente se construyen puentes, edificios, se crean las cosas, se crea todo, incluso aquello que parece imposible.

Cuando nace la convicción de dentro, el deseo, la voluntad, la creencia se genera una fuerza irremediable, un latido de creación que nos lleva a generar la propia vida.

Damos forma y sentido a nuestro camino y eso llena de gozo el alma. Ya no más deriva, movimiento caótico, que avanza y retrocede y que nos hace parecer sentir estancados y perdidos.

Fluir es decidir. Es avanzar constante y rítmico (como la pulsión que existe por doquier). Con Decisión.

Disfruta de tu movimiento. Disfruta de tus decisiones. Juega con la vida.

 

Ejercicio de sembrar y ver crecer una semilla. Ser conscientes que todo cambia, todo es movimiento.

Apreciar esa vida. Vivir la hermandad de compartir la vida. Compartir cariños. Dibujarla (prestar atención). Escoger bien qué. Puede ser algo que de fruto, algo que de flor, hacer una pequeña plantación,… Meditar sobre ello, sobre la vida y meditar con ella, con la compañía de ella. En ese instante puedes soltarte, cantar, piropear,…

Tomar conciencia de Ser. Conciencia de Vida. Olvidemos el tiempo. Recordemos el movimiento y el cambio y la maravillas de la esencia de la vida.

La planta no se cuestiona que no quiere ser planta. Cada instante se centra en desarrollarse, en evolucionar, en mostrar quien es, su esplendor.

¿En que te centras tú?¿Muestras tu esencia?¿En que basas tus decisiones?