Fidelidad es uno de esos términos que parecen desgastados, en desuso en nuestros días y que a nosotros nos gustaría reivindicar.

Ya no solo por la belleza en si de la palabra, linda, sonora, ¿no os recuerda a la propia felicidad, sino por su verdadera belleza que tiene que ver con la esencia que este término esconde. Y es que la fidelidad va muy ligada con la espiritualidad, con la misma conexión con la fuente.

A veces utilizamos más comúnmente el término leal. Alguien leal es alguien que va a ser incondicional, alguien que obedece algún acuerdo, a una persona, a unas ideas incluso.  Hoy en día combina muy bien con el término «seguidores» (y de aquí derivar peligrosamente al término «fanático»)

Sin embargo la fidelidad va mucho más allá, porque va ligada a la coherencia, a la verdad, es decir, está bañada de moralidad.
 

La Fidelidad nace de forma natural desde el Sentir

 
No importa seguir ciegamente a alguien o a algo, sino hacerlo con conciencia y coherencia al propio Ser, a la propia Esencia.

La fidelidad conlleva un respeto basado en la confianza, lo cual implica un grado más profundo, más esencial.
 

 
Para poder ser fiel a una persona, a una causa, uno debe ser fiel consigo mismo, implica integridad e implica también poner el alma.

Implica mirar hacia el futuro, desde el presente con ilusión y compromiso. Implica una dosis de voluntad, de verdad para llevar a cabo la palabra dada, el proyecto, porque se siente, porque sale de dentro, porque existe un compromiso vital.

Con la fidelidad envolvemos al Ser de unos valores y principios que rigen nuestra vida con alegría y nos permiten avanzar.

Rodearnos de personas fieles, que confían en nosotros y en quienes podemos confiar, debería ser la base del nuevo paradigma de vida. Gente fiel por principios, gente que revisa y respeta los acuerdos vitales y los renueva y redirige con transparencia y sinceridad a medida que la vida se transforma a su paso.

No reduzcamos la palabra fidelidad a simple hecho sexual. Ello simplemente es una consecuencia de un estado de armonía de una pareja que comparte un espacio de conexión vital íntimo, espiritual, que les lleva a sentirse unidos.

No busquemos (o compremos) pues lealtades como los vasallos que daban su vida por un Rey que en ningún caso lo merecía. Nadie debe supeditar su razón, su sentir, su discernimiento a ninguna causa, a ningún otro ser. Valora que es más importante, la coherencia con la Verdad, la Moralidad, o la lealtad ciega a alguien o una causa que es indigna, injusta, inmoral.

Que los acuerdos vitales no sean meros contratos que «cumplir». Que sean compromisos del alma, en los que se confía y se siembra en consciencia cada día.
 

 
Que la fidelidad reine en nuestro futuro. La fidelidad es mucho más fuerte que la lealtad, pues sus cimientos son verdaderos.

¡Cuantas veces las amistades y aquellos que considerábamos que deberían ser leales han desaparecido en los momentos de crisis!

El motivo es precisamente que no había amor verdadero ni una verdad profunda en esa relación. Sino es imposible romper, abandonar cuando el otro más lo necesita.

Seamos fieles a los valores de la vida y construiremos un mundo mejor.

La fidelidad es un valor que no debe faltar en las nuevas comunidades que estamos en proceso de construir. Sería una buena práctica formalizar el compromiso de nuestra intención de fidelidad a un proyecto común con un ritual, como los de los esposos al contraer matrimonio.

Ser fiel a uno mismo, a nuestro corazón puro, a las ganas de verdad, al anhelo sincero de crecer juntos, el pasar a la acción para formar algo consistente, con sentido, algo duradero y armónico.

En nuestro 25 aniversario de unión formal como pareja, hemos renovado nuestras promesas de iniciar un camino vital juntos, de forjar una familia,…
 

 
Podemos decir que trabajar nuestra fidelidad nos ha convertido en una pareja firme que ha crecido con el tiempo, más segura, más de quienes somos y hacia adonde vamos. Este valor nos ha acercado a nuestra propia verdad, y nos ha servido de ayuda mutua para avanzar con alegría y plenitud. Por eso hemos querido en nuestro 25 aniversario reivindicar esta bella palabra. Una palabra esencial, que hay que atreverse a pronunciar más asiduamente.

Abre tu corazón y se fiel a tu Sentir. Antepón esa fidelidad ante cualquier obediencia. La fidelidad es una opositora nata a la obediencia. La fidelidad esta asociada a la vida, a la creación, a Dios y está ligada al compromiso de corazón.

La fidelidad va ligada a la libertad del Ser en relación con nuestro paso en la vida y nuestro compartir vital.

¡Alura! La magia de la vida está en la Alegría del Corazón

 

 

A %d blogueros les gusta esto: