¿Humanitarismo de moda?

Si eres de los que se desviven por ayudar a las grandes causas, de los que quieren salvar el mundo.

Si eres de los que se suben al carro de las grandes quimeras, en África, en la India, siempre al otro lado del mundo, lejos de ti.

Plantéate como te sientes al ser partícipe de estas hazañas internacionales.

Plantéate que te impulsa a actuar de samaritano de esas causas y esas gentes  tan lejanas a ti.
En el fondo, nos creemos héroes.

Mientras más complicada y mas global sea la causa, un héroe más grande me voy a creer.

Muchas veces son causas, problemáticas «vendidas». Si, nos las venden como imperativas, graves,…

Cualquiera que no se sienta reconocido o conmovido por ellas, es un desalmado, y a la vez, quien se implica en «demasia» es un héroe, al menos cree ser un héroe y lo puede decir con la boca bien ancha a sus congéneres.

Ahora bien, no es cuestión de negar a aquellas personas que sientan tener un alma misionera que se desarrollen como tal.

El verdadero Héroe

El verdadero héroe es el que obra con el mismo espíritu en todo su camino.

No necesita mostrar sus grandes hazañas. Es realista, práctico, natural, sencillo y como la vida misma se percata de su entorno inmediato y pone en práctica ese sentir de socorro, el mismo que supuestamente puede tener el perteneciente a una gran organización humanitaria para salvar al mundo ayudando a su vecino. Es decir, a quien tiene más cerca.

¿Qué sentido tiene socorrer, apagar fuegos en la otra punta del mundo si ignoramos las carencias, los problemas, las llamadas de auxilio de quien tenemos a dos pasos?

¿Quizás no es tan glamuroso?

¿Quizás somos incapaces de verlo, porque no sale en la tele y entonces carece de importancia?

Tiene mucho más sentido que cada uno de nosotros se ocupe de generar y de volver la armonía en su zona de influencia que es su zona de acción natural.
 

La ceguera a lo sencillo y próximo

 
¿Por qué no vemos o no queremos ver que podemos ayudar a nuestro vecino o a nuestro entorno más próximo?

¿Por qué nos hace creer mejores al implicarnos, al menos emocionalmente o «espiritualmente», o incluso a veces económicamente, con causas lejanas?

¿Por qué no pasar a la acción y solventar algo o ayudar a alguien que tenemos cerca?

Quizás este paso, nos exigiría un compromiso real. Un compromiso de nuestro esfuerzo. De nuestra vida. Un poder contemplar in-situ cómo evoluciona ese tema, si esta sirviendo mi ayuda, mi aportación,… Va a formar parte de tu vida y de tu experiencia, en tu ahora, en tu realidad.

¿Quizás todo ello me conllevaría a implicarme más a mi y a mi tiempo en algo que vería como evoluciona y quizás perdería la magia de la fantasía?

¿Quizás de esta manera no podría figurar en mi curriculum de grandes hazañas?
 


 

¿Eres coherente?

 
Hay tantas veces una incongruencia total entre la manera de actuar, ser capaces de unirse en oración por salvar el mundo (hablamos no solo de religiones, sino también de grupos de modernas espiritualidades, de grandes ONG’s de ayuda a lejanas comunidades, que se pierden en recursos y recursos, en grandes infraestructuras burocráticas,..) y después, esta misma gente espiritual y solidaria, en su realidad diaria, es incapaz de dar apoyo, dar cobijo, generar empatía con el compañero, con el vecino, con el supuesto amigo o incluso con el familiar.

Nos quedamos solo en la superficie de nuestras relaciones, en las superficie de nuestro día a día.

Nos impedimos ser héroes en el vivir y nos reservamos para ser héroes de pacotilla en la fantasía colectiva de los movimientos «Superespirituales» (la era acuario mencionada a veces) o nos quedamos tan a gusto soltando la cartera y pagando a la ONG «Supersolidaria» de turno para quedarnos en paz con nuestra colaboración con la mejora de nuestro mundo y nuestra sociedad y evitar de esta manera pasar a la acción y «remangarnos».
 

Pasar a la acción en tu día a día

Para mi, mi mayor auténtica heroína es mi madre. Con su testimonio vital diario la he visto acoger, ayudar, abrigar, escuchar y querer a tantas y tantas personas. La he visto esforzarse y trabajar para conseguir recursos y ayudar a estas personas concretas, ahora sin nombre. A sus vecinos, a personas que veía en su tren diario, en la calle.

Ella no saldrá por la tele, ni hará exposiciones de sus  grandes hazañas, pero tiene el corazón satisfecho por llevar a cabo su don de ayudar al prójimo desde la sencillez del día a día, con la sensibilidad del que cuida y aporta su entorno para hacer de el un mundo mejor.

Eso no quita que ella también ore por el resto del mundo y los tenga en su corazón. ¿Pero de que serviría si no hubiera pasado a hacer acciones concretas?

Lo mejor del verdadero héroe es que da testimonio y ejemplo cada día de sus hazañas.

Lo mejor del héroe es que no es un héroe, simplemente se siente pleno y coherente con su acción y realmente, no es que salve al mundo, sino que lo transforma en un lugar más armonioso y bello.

¿Cuantos héroes conoces tú realmente?
¿Cuantas personas conoces que vivan acorde a su Sentir?

A %d blogueros les gusta esto: