Abogamos muchísimas veces al «sentido común» a sabiendas de que todos tenemos acceso a una especie de sabiduría innata y a nuestro alcance, como si el resultado de consultar el dictamen de nuestro «sentido común» fuese irrevocable, inamovible y todo el mundo debiese concluir a una única respuesta o solución.

No queremos renegar del «sentido común», y de las puertas que nos abre a poder indagar en el propio Sentir, que es la clave de conducir nuestra propia vida, pero es importante ahondar y matizar la perversión que se da del «sentido común», que partiendo de algo, en principio beneficio, pues se basa en análisis y experiencia, puede transformarse en algo contraproducente y privativo de la propia libertad.

El sentido común nace de la propia experiencia, de los aprendizajes de la vida, de lo que nos trasladan los sentidos y nos va impregnando poco a poco a nosotros, al Ser que vamos modelando, a nuestro personaje en el mundo.

De alguna manera, ante una situación nueva que implique una problemática, una decisión, un pensamiento, nuestro sentido común nos va a hablar, y nos va a hacer reaccionar, a replantear las cosas según esa propia experiencia previa.
 


 

El sentido común verdadero, es básico y tiende a buscar lo simple, la evidencia.

 
Nuestro sentido común» nos va a hacer esperar que mañana salga de nuevo el Sol y si me he resbalado en un suelo mojado, me va a llevar a tener precaución la siguiente vez que me desplace por un suelo resbaladizo.

El sentido común se nutre de nuestras experiencias cotidianas y viene abonado con nuestra memoria ancestral.

El sentido común actúa de forma innata y espontánea, por eso comentábamos que no deja de ser una comunicación con nosotros mismos que fluye, pero a diferencia del Sentir no es una comunicación con la pura esencia, que es y está siempre, incluso previa a nuestra experiencia en la vida que estamos desarrollando.

El Sentir es la herramienta que la Esencia utiliza para comunicarse con nosotros.

Hasta ahora podría parecer que el sentido común es útil (en cierto modo lo es), sin embargo el problema aparece quizás en el peso del vocablo «común». El sentido común está en todos, pues está al alcance de todos, y por eso es común.
 

Cuando el sentido común se convierte en el sinsentido común

 
Sin embargo, pareciese que el «común» toma peso en cuanto que ha de ser unificado para todos y todos tendríamos sí o sí que coincidir o en caso contrario nos podríamos, como sucede, señalar los unos a los otros con el dedo y recurrir a la coletilla «es de sentido común» para no tener que dar explicaciones y confirmar que algo es inamovible, se tiene que acatar, no se puede transformar, y entonces pasa a ser un sometimiento y privativo de la propia libertad e individualidad y coarta el propio camino.
 

 
¿Qué pasaría si a Killian Jornet, el famoso corredor de montaña, por «sentido común» no se le hubiese dejado trotar como las cabras por la montaña? Pues que si no hubiese hecho caso a su Sentir, a su guía interior, no hubiese podido desarrollar su Don. Es un ejemplo pero exportable a cada uno de nosotros.

Pero el tema clave de análisis de los peligros del «sentido común», tal y como se desarrolla en nuestra Sociedad, es precisamente eso, la Sociedad.
 

¿Cuantas cosas haces por el «sentido común» de la sociedad?

 
El peso que tiene en como percibimos nuestro mundo ya hemos dicho que el sentido común se genera desde la observación de los sentidos. Si lo que vemos está corrupto, y va en contra de nuestro Sentir, de nuestro Ser, lo vamos a visualizar de todos modos como «común» y por lo tanto «correcto» pues va a ser nuestro aprendizaje, a pesar de que sea contraproducente para nuestra propia vida. Y así lo que debería ayudarnos a actuar de una manera sensata nos empuja irremediablemente hacia el abismo, con el convencimiento que es el único camino y el que sigue y ha de seguir irremediablemente todo el mundo.

La comunidad es por tanto la que crea una convención que nos proporciona unos conocimientos y creencias condicionados que nos llevan a creer que son validos. Estamos hablando de creencias que nos hacen percibir la realidad según el paradigma establecido y que nos aleja de dar pie al verdadero Sentir.

Con el «sentido común» estoy en el plano de pensar, de lo que es lógico, siempre dentro de unas directrices establecidas.

Con el Sentir, ¡siento!, voy mucho más allá, soy capaz de ver de otra manera, de desnudar las creencias sin sentido, de descubrir las incoherencias.
 

 

Cuidado cuando haces las cosas por «sentido común», ¿lo acompaña tu Sentir?

 
En nombre del «sentido común» me voy a vacunar y a seguir las reglas a pies puntillas. Me voy a poner la mascarilla, porque incluso, aunque mi propia experiencia (en la que debería basarse mi verdadero sentido común) me diga que me estoy ahogando, la supremacía del convencionalismo que nos dice que es bueno seguir las normas y obedecer y avanzar en sociedad por nuestro bien, seguir al grupo, anula mi propia experiencia y cualquier atisbo de mi propio Sentir.

Por ese motivo, el «sentido común» que se aboga hoy, un «sentido común» controlador, demasiado precavido, antinatural, y que prevalece como resorte de sometimiento en nuestros días, es un «sentido común» sin Sentir, y por tanto, sinsentido.

Los llamados locos que son capaces de analizar si las convenciones creadas, si el paradigma imperante tiene o no sentido, son en realidad, «Cordes» (mentes despiertas con corazones valientes) que se rigen desde el corazón y no desde la mente adulterada por unos razonamientos que cuadran pero parten de unas premisas, de unos dogmas, muchas veces falseados y muchas veces antinaturales y antihumanos.

Cuando el «sentido común» sirve para juzgar e imponer, ¡Ojo!, deja de tener sentido.

No abogues al «sentido común», reclama que aflore el Sentir en nuestras vidas.
 

La vida es mucho más sencilla y debería ser la referencia de la armonía en nuestro mundo.

 

 
La sencillez de la vida, de lo natural, nos muestra el camino.

Esa es la manera de que fluya el equilibrio. Desde la propia iniciativa y esencia personal. Libre y no dirigida.

El Sentir recompone y da sentido a la vida de cada uno. Cuando fluyamos con él nos daremos cuenta de que sí es común a todos, de que nos hermana y nos acerca más a los demás, independientemente de como enfoquen su vida, de lo que piensen.

La esencia es lo que tenemos en común. Lo demás son cuentos envenenados y engañosos.

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