En nuestra cultura occidental, basada principalmente en el cristianismo, se identifican 7 pecados capitales o vicios principales que originan otros pecados o vicios secundarios. Sobre ellos se basa la moral cristiana y por ende gran parte de la moral occidental actual.En la creencia religiosa cristiana, un pecado se define como la transgresión voluntaria o involuntaria de la voluntad de Dios. Transgredir la voluntad de Dios puede suponer un efecto condenatorio final, que nos puede llevar al infierno y no conseguir nuestra salvación. Existe un castigo a posteriori que nos puede llevar a la condenación eterna, al infierno.¡Qué terrorífica visión, si lo piensas bien, vivir bajo ese panorama!

En cambio, para nosotros, un pecado es un error, un desvío, un freno, es decir una acción o conducta que no nos acerca a aquello que queremos llegar a ser en esencia, pero en el aquí y en el ahora, en nuestra vida actual. De hecho, en hebreo la palabra común para “pecado” es jattáʼth, חטא que también significa “errar” en el sentido de no alcanzar una meta, camino, objetivo o blanco exacto. Y como todo error, puede ser detectado y corregido, también en el aquí y en el ahora, en nuestra propia Vida, sin necesidad de condenas eternas. En el fondo, un pecado o error de conducta produce un desvío en la posibilidad de vivir en plenitud, en paz y equilibrio, pero en nuestra propia vida, en el momento presente (vivir un infierno en el ahora) pero que podemos subsanar retomando el rumbo.¿No te parece un panorama de la vida mucho más alegre, que te empodera y que te libera  de los designios de juicio de un tercero?

Por lo tanto, nuestra recomendación es que no hemos de entrar en pánico por una condena eterna porque detectemos que hemos estado actuando en «pecado», de forma errónea, sino que simplemente nos hagamos responsables de ello, tomemos consciencia y decidamos qué acciones debemos emprender para corregir nuestro error con el objetivo a re-establecer la paz y equilibrio en nuestra vida y retomar nuestro verdadero rumbo. Y con ello no estamos diciendo que renuncies a tus creencias cristianas o las que sean, sino que las revises y te plantees que tienes muchas posibilidades de actuar y reconducir en tu vida actual. No tiene sentido vivir una vida con miedo, a caer en pecado y ser juzgado por el exterior. Ocúpate de vivir con alegría y ser coherente con las acciones que demanda tu Sentir. De esta manera te asegurarás que estás actuando de manera armoniosa con la vida y que no harás daño ni ocasionarás perjuicio ni a ti ni a tu entorno.

¿Pero de dónde proviene el origen de esos errores?¿Qué hace que los provoquemos?

Para nosotros, proviene de un miedo subyacente. No existe el bien y el mal, sino actuar desde el miedo o desde la alegría de de vivir. Si tú eres coherente con tu Sentir, y actúas desde la alegría de vivir, no existe espacio para conductas erróneas, ya que estás actuando acorde a lo que quiere experimentar tu esencia, tu semilla, tu chispa divina (o como lo quieras decir) y te acercarás, sin ninguna duda a quien anhelas llegar a ser. Es decir, la conducta de por sí no es errónea, solo es errónea si no es coherente con tu Sentir más profundo.

Ahora bien, la vida es cíclica, y en algunas ocasiones viviremos circunstancias que nos desequilibren, y si no estamos atentas a ello, actuaremos de forma errónea, infundados por el miedo del momento. Pero no hemos de culpabilizarnos por ello, ya que esto mismo forma parte del propio juego de la vida.

No obstante, aunque tengamos una visión diferente del cristianismo sobre el concepto de pecado (y sobre su impacto sobre nosotros), la clasificación que realiza sobre las conductas erróneas capitales son una buena referencia para poder observarnos , corregir y alinear nuestro devenir con nuestro Sentir.

Los pecados capitales o conductas erróneas principales son:

IRA, PEREZA, SOBERBIA, ENVIDIA,GULA, AVARICIA,LUJURIA

Para nosotros, todas estas conductas extremas son signo de un miedo a la escasez y a la falta de seguridad en uno mismo y la vida. Son signos de estar alejados del equilibrio vital y la armonía. Es un no reconocer cómo funciona la vida y no entender su complejidad y su gran armonía.

PEREZA

La pereza indica una parte de desconfianza, un “ya me está bien estar en mi zona de confort”. Es un “no me esfuerzo pero en realidad dejo de vivir”. Dejo de hacer cosas porque no profundizo, no planifico, no veo el beneficio inmediato, e intuyo el esfuerzo que voy a necesitar.
La pereza es enemiga de la imaginación creativa, de la curiosidad. Las frases preferidas de la pereza son “lo haré luego”, “mañana empiezo” y es un signo inequívoco del miedo al compromiso, incluso con uno mismo y la misión de vida, miedo a la superación, y miedo al fracaso.
La pereza es egoísta, porque no te aporta a ti, ni aportas el valor que tienes que compartir con el mundo.

ENVIDIA

La envidia indica una parte de inseguridad. Cuando apreciamos negativamente lo que tiene o hace el otro, y nos genera malestar y dolor, en lugar de ser un estímulo de aprendizaje que me anima a ponerme las pilas, a reconocerme como soy y actuar si necesariamente quiero cambiar hacia la realidad que me muestra el otro o simplemente me alegro con lo que veo pero me siento suficiente y pleno en lo mio.La envidia es siempre señal de inseguridad, incomprensión, de no aceptación de la diferencia y de no empatía con el entorno y el otro. Cuando uno está en paz consigo mismo, no puede dejar de alegrarse por los logros del otro, reconocerlos y a la vez, así, se está reconociendo a uno mismo.
La envidia indica que tenemos el miedo a ser “menos que” y a tener “menos que”. Estamos atrapados en la sociedad de aparentar y tener. Es la carrera de la rata que te asfixia, pues nunca tiene fin si no eres tú quien controla tu vida, marcas tu ritmo, objetivos, y sueñas y decides.

GULA, AVARICIA Y LUJURIA

La Gula, la Avaricia y la Lujuria, tienen mucho que ver con el miedo a la escasez y el querer poseer e imponer. La gula y la lujuria se centran en la búsqueda del placer constante de la satisfacción extrema aunque en realidad te desequilibren (te atragantas, te atiborras, te empachas).
El “cojo más de lo que necesito” indica en el fondo un miedo a la carencia, al “no tener”. Con la gula, como más de lo que necesito (comes compulsivamente, no llegas ni a saborear o lo mismo pasa con el sexo que desvía tu atención), centro la atención solo en eso y descuido todas las demás facetas de mi vida.
Con la Lujuria además demuestro mi adicción por la otra carne. No dejan de ser drogas que me hacen estar en un estado que me impide avanzar, comprender la ciclicidad de la vida y por tanto su equilibrio.
El placer de la avaricia, también es egoísta como los anteriores, pues solo busco “mi placer”, en este caso “poseer bienes” (antes comida y personas), es un afán de acaparar. Así creo que soy superior, soy alguien. La única manera de que me vean. Pero yo no me veo si no es como poseedor de dinero. Miedo a la escasez, a no comprender que la vida provee, que lo que yo tengo de más me sobra, incluso quizás a alguien le falte. Pero, en cualquier caso, es inútil que yo acumule, desconfío de la vida y de mí mismo como desarrollador de vida.

IRA

En cuanto a la ira, es miedo al diálogo, a estar equivocado, a reconocer y evaluar mi propia verdad. La ira es sana en cuanto a reacción que libera el estrés acumulado. Es una vía de escape de la tensión, es un indicador buenísimo de que algo no se está gestionando bien. Pero la ira vital, ese descontento continuo, ese querer imponer por la fuerza a los demás es un indicador de odio por la vida. Si odias a tu prójimo, no lo comprendes ni tampoco lo aceptas. Algo hay en ti que te impide estar en paz. La ira vital tiene mucho que ver con la actitud vital. La ira se contrarresta con paciencia, con ser capaz de decidir y cambiar y controlar el curso de los acontecimientos y de la historia, de tu historia.

SOBERBIA

En cuanto a la soberbia, que muchas veces está relacionado con la ira, si se siente atacado, es indicador de inmadurez. Muchas veces esconde un complejo de inseguridad, una envidia de lo ajeno, que te hace aferrar a tu verdad de manera cegadora como estandarte de sentirte seguro, pero encierra una gran inseguridad e infravaloración de uno mismo. Es un recursos para empoderar tu ego y aumentar tu aislamiento y separación respecto al todo. Me pongo la etiqueta de que soy el mejor, que lo se todo, que los demás son los que están equivocados y no saben para así sentirme superior y seguro. Pero ese estado me lleva a constante conflicto e insatisfacción, al enfado vital y, a veces, a la ira incontrolada contra el mundo y las personas que me rodean. El miedo a estar perdido, a no saber quién soy, y a estar equivocado, es muy grande.
No se ve la posibilidades de que el mundo puede ser un engranaje perfecto (todo tiene su función, la diversidad,…). Aquí es, soy yo contra el mundo, o el mundo a mi pies.

Mientras más en linea estemos con nuestro eje, más en equilibrio, menos exagerados serán nuestras conductas erróneas de ira,envidia, gula, lujuria, avaricia, pereza y soberbia, porque estaremos más cerca de lo sencillo y naturalidad, y más comprometidos con nosotros, lo que somos y lo que hemos venido a desarrollar en nuestra vida. Mientras más nos conozcamos y más disfrutemos de la vida, menos acentuados tendremos estos comportamientos.
Estar, estarán siempre, porque somos cíclicos, somos luz y sombra, pero debemos ser capaces de auto-observar y reconocernos.

Cuando envidio, cuando me ciego a lo fácil, a los placeres, cuando acumulo “por si”, cuando me engaño para no salir de mi zona de confort, cuando “salto” con facilidad…si se verlo, podré indagar que hay detrás y podré avanzar y conseguir estar más satisfecho conmigo mismo.

No hay nada mejor que estar en paz y dichoso. Eso, supera incluso los picos placenteros que normalmente vienen acompañados de los picos de sufrimiento.

 

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