El duelo tiene que ver con el dolor. Tiene que ver con la herida profunda de la pérdida física de un ser amado, de algo importante en tu vida.

El duelo es una transición, es una fase de transformación en la que uno debe aceptar el cambio y debe comprender que la persona que falta forma parte ya de la esencia de uno mismo pues el compartir vivencial marca el alma en sabiduria y sentimientos. Esta fase dura tanto como la persona tarde en comprender que esto es así.

Si estás de duelo, puedes reir y utilizar el recuerdo positivo vivencial de las experiencias vividas/sentidas con la persona amada que falta para rememorar y traer al presente ese SENTIR que ya forma parte de uno de por vida. También para agradecer precisamente el poder haber vivenciado eso.

Al comprender que ese SENTIR está ahí, impregnando el alma, uno puede dejar ir la sensación de pérdida futura, pues el pasado y el presente (el recuerdo) nos hace vivenciar con más fuerza que el no futuro en si.

Cuanto antes recupere la alegría y la risa, antes sanará. Pero el proceso de duelo es necesario y no hay que esconderlo u obviarlo.

La expresión del dolor mediante el llanto o la rabia, mediante el grito y lamento, son muy necesarios. Mejor sacar para que no se enquiste.