Para poder entender en esencia es necesario profundizar en cada concepto, comprender los matices y también las diferencias.

Hay palabras que están más de moda cuyas acepciones se perfilan y modifican con el tiempo. La meditación es una de ellas. Otras en cambio parece que se sumerjan en desuso, en el olvido, que diluyan su fuerza esencial, como es el caso de la palabra contemplación.

Sin embargo, ambas tienen su relevancia y hermanadas, son buena base para adentrarnos en el Sentir.

Cuando hablamos de meditar nos centramos más hacia la mirada interior, hacia nuestros pensamientos, hacia la reflexión profunda ante un problema, una cuestión, una pregunta, una duda. Por eso la meditación necesita una concentración especial hacia el interior. Para ello es necesario pausarse, concentrarse, hacerse preguntas y eliminar el ruido superfluo que nos permita poder escuchar la respuesta, la convicción que buscamos.

La meditación necesita su espacio, su tiempo, un recogimiento. Y a pesar de lo que pudiera parecer, un silencio relativo. Una meditación no ha de buscar el silencio total. No puede acallar la voz interior.

La olvidada pero poderosa contemplación

El concepto de contemplación, sin embargo, tiene un sabor diferente.

Con la contemplación nos proyectamos hacia el exterior, encontrado fuera, de alguna manera, lo que también nosotros somos. Al contemplar nos impreganamos de belleza,de admiración y alegría. De una comprensión de conexión con algo que va más allá de nosotros mismos.

La contemplación es un dejarse ir, relajarse, no poner límites y un recibir que tiene que ver con la plenitud.

En la meditación hay más intención concreta que en la contemplación.

En la contemplación miramos al todo (cielo, universo, creación) de una manera compartida. Lo hacemos con los ojos abiertos. En la meditación la mirada es más interior.

En ambos casos, en una buena meditación, en una contemplación poderosa podemos conectar con esos momentos de no tiempo. En ambas, podemos hallar equilibrio, paz y satisfacción.

En ambas tenderemos más a nuestro centro. Estamos más concentrados, a pesar del diferente matiz al que hemos aludido.

Ambas, la meditación y la contemplación, pueden ser sanadoras y forman parte del Sentir.

¿Y el Mindfulness?

También en estos tiempos se está poniendo mucho énfasis en la Atención Plena (Mindfulnesss). De nuevo, tenemos una herramienta que nos ayuda a centrarnos, a estar presentes. Cuando estamos presentes y abrimos la atención, somos más nosotros, o al menos tenemos la oportunidad de serlos, siempre que nos hagamos caso.

Todo lo que ayude a no dispersar, a sosegar, a serenar, a prestar atención a lo importante, bienvenido sea.

Darnos cuenta que respiramos, de que vemos, olemos. Cuando reconocemos donde estamos y con quien estamos, nos puede ayudar a dar más valor a la vida y a lo que nosotros debemos desarrollar en ella.

Meditación, contemplación, Mindfulness,… todas estas herramientas son muy útiles para conectar con el Sentir. Sin embargo, si se hace solo como pauta, o por repetición, sin tomar conciencia de que son un medio y no un fin, sus beneficios no van a ser tan buenos como se podría creer.

Si meditamos para aquietar la mente, si solos repetimos ejercicios de Mindfulness para sosegarnos, o nos pasamos a la vida contemplativa
sin tomar acción, simplemente estaremos dando unas pinceladas, quizás bonitas, pero al tun tun al cuadro de nuestra vida.

El Sentir es el camino.

Instrumentos como los comentados (meditación, contemplación, Mindfulness,…) son algunos pasos, algunas etapas.

El Sentir engloba la mirada interior y la conexión con el todo, la atención a lo importante, pero sobre todo invita a la acción encaminada de nuestras vidas. Es el filtro. Un modo de enfoque natural acorde con la vida. Sin forzar, sin estudiar, es innato. Solo lo tienes que recordar.

Quizás de los instrumentos comentados, la contemplación sea el que más natural nos surja y nos conecte más fácilmente con el Ser, pero debería servirnos para darnos fuerza y confianza para poder avanzar guiados por nuestro Sentir en las acciones de nuestro día a día.

La meditación y la atención, también nos va a ser muy útil para conectar con las respuestas del Sentir, escuchar la voz interior y a partir de ahí, poner en práctica del filtro del equilibrio, de la corrección del sentido, de la plenitud, en cada paso que demos.
Pero no solo existen estos instrumentos para afianzar nuestro Sentir.

En nuestro libro «El poder del Sentir en tu día a día» encontrarás muchas referencias.

el poder del sentir en tu día a día

La meditación, contemplación nos ayudan a eliminar mucho de lo superfluo que nos invaden.

También hay meditaciones, contemplaciones activas que nos ayudan a fluir, entender mejor nuestro cuerpo con el flujo energético vital. Pero no por practicar «Tai Chi» vamos a ser una persona más equilibrada si separamos esos momentos de nuestra vida cotidiana, si nos olvidamos que la misión de nuestro Sentir es plasmar nuestro espíritu en el mundo, en cada paso, en cada respiración, pero también en cada latido.

Muchos de estos instrumentos, pensamos que son mágicos, pero la magia está en el corazón y la alegría de vivir, en el Alura.

ALURA! La magia de la vida está en la Alegría del Corazón.
 

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