Muchísimas veces nos olvidamos que la vida es música. La vida es sinfonía en movimiento, armonía, silencios, ritmo, vibración y frecuencia. En especial hacemos oídos sordos a escucharnos en nuestro propio interior, la voz, y también nuestra propia canción del alma.

Tampoco prestamos demasiada atención a nuestras palabras y creamos constantemente por nuestra boca mensajes discordantes con nuestra propia vida y nos prohibimos cantar para sintonizar con la energía poderosa del Sentir y trazar pentagrama de energía pura que acompase nuestro camino, nuestra propia misión.

Nuestras palabras dejan huella impregnada en la matriz de la vida, y nuestra voz en cantar se convierte en un mensaje de ímpetu que nos lanza hacia nuestro objetivo.

La práctica que proponemos hoy se busca centrarnos para nuestro propio canto, nuestro lema que se armonice con la energía que necesitamos en este momento y nos haga poco a poco sintonizar con la Alegría de Vivir.

Hay muchas maneras para adentrarse en este hermoso tema, pero hoy, simplemente busca un lugar natural: un jardín, un bosque, un lugar donde te sea fácil poder centrarte y escuchar la música de la naturaleza.
 

 
Siéntate cómodamente y cierra los ojos, así podrás apreciar mejor y poner más atención a los sonidos. Seguro que muy pronto notarás que hay pájaros cerca, que emiten su  bello canto (ellos no han olvidado la importancia de cantar). Quizás notes también la brisa de fondo. Puede que haya también ruido o tumulto, sobre todo si estás en la ciudad, pero intenta concentrarte en los sonidos particulares y bellos de las aves.

Cuando pase el tiempo que necesites, cuando notes que tu respiración se ha relajado, que estás a gusto, que estás en tranquilidad, pide a tu alma, pide a la Vida que te traiga una canción. A veces puede aparecer una melodía que reconocerás como nueva, suele ser sencilla, como si de un estribillo se tratase. Cántalo mentalmente fijándote en como ella sola va tomando forma. Disfrútalo.

Cuando estés preparado, cántala en voz alta. Deja que fluya el sonido, que vibre en tus labios, en tu boca, en tu pecho. Canta repetidas veces. Canta hasta familiarizarte y sentirla como tuya. Puedes cantar más alto si así lo sientes, pero solo con sentir que no te retienes y dejas fluir tu música ya es suficiente.

 


 
Cuando lleves cantando un rato es muy probable que te llegue un mensaje directo, una sentencia. Es el significado de tu música. De lo que quieres expresar, de lo que necesitas lanzar al universo. Ya sea un mensaje de comprensión, ya sea un mensaje de creación o de intención. Si no tienes un mensaje directo, pregúntate directamente poniendo el corazón que significa el ícaro que cantas. Normalmente cuando preguntamos obtenemos respuestas.

No te preocupes si suena bien o suena mal dentro de las convenciones establecidas. Lo importante es que tu canto ha empezado a fluir y eso siempre es bello y es sanador.

Puede que tu canto venga con palabras comprensibles, puede que sea solo melodía, puede que se presente en un lenguaje creado para el momento, puede que surja o resuene una melodía conocida. No la deseches, y cántala si es así pero sin centrarte en la letra impuesta sino con la misma intención, la de ponerle tu propia letra y tu propio significado que tendrá mucho que ver con lo que tienes que hacer resonar y vibrar en tu vida. Es aconsejable, si te apetece, que decidas grabarte para poder recuperar cuando lo necesitas la maravilla íntima que has creado.

Puede ser divertido, aunque solo con disfrutar del momento ya merece la pena.

Crea pues tu propio ícaro y participa con tu música en la creación del mundo.

¡Alura! La magia de la Vida está en la Alegría del Corazón

 

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