Deberías ser capaz de sentir el potencial del significado de la Navidad. Va más allá de las religiones, de los ritos, de los solsticios,…

La navidad tiene que ver con la conexión con el propio renacimiento.

Es abrirse a ver nacer la vida en nosotros mismos.

Es dejar fluir la vida renovada en nosotros mismos cada día para ver aflorar la mejor versión de ti en cada momento.

Funcionamos con ciclos. Si tomamos el ciclo anual y somos capaces de que la navidad nos sirva para hacer un «reset» o «reinicio», bienvenida sea.

 

Fin e inicio de nuevo ciclo.

 

Desde este punto de vista, es un momento perfecto para hacer una retrospectiva del ciclo anual que está a punto de finalizar. Aprovechemos para celebrar todos los avances y progresos que hemos realizado, los talentos que hemos desarrollado o mejorado, los buenos momentos compartidos. Celebremos todo aquello que ha permitido que seamos, en ese momento, esa versión mejorada de nosotros mismos.

También es un momento para reflexionar y acabar de tomar conciencia de los errores cometidos, de aquellas cosas que hemos dejado de hacer y que son importantes para nosotros, de las estrategias que nos han fallado. Utilicémolos como referencia a nuestro margen de mejora en nuestro proceder, en nuestro «cómo»,

Por otro lado, y muy importante, es un momento ideal para definir desde nuestro SENTIR los propósitos y sueños que deseamos realizar para el próximo ciclo que está a punto de empezar y que nos ayuden a acercarnos, una vez más, a la versión que anhelamos llegar a ser.

Que no sirva solo de antesala a las rebajas, o sea, una tregua falsamente «impuesta» para aparentar que todo es paz y cordialidad y nos sirve de excusa para lanzarnos a la desmesura (desequilibrio) en el comer, en el beber, en el cansar nuestro cuerpo, en saciar nuestras ansias también «impuestas» del tener, tener, tener y el del aparentar, aparentar, aparentar.

La navidad en tu día a día

 

Sin embargo, si achicamos nuestro ciclo, porque cada día es un ciclo, y somos conscientes que la navidad es el nacer de la vida en nosotros mismos, tendremos más espíritu y más fuerza para que la magia de la navidad de la que tanto hablamos nos acompañe cada día a la tan deseada mejor versión de nosotros mismos, la que nos lleva a la plenitud y la armonía en nuestra vida y en el mundo que nos rodea.

Imagina si vamos achicando el ciclo, y hablamos de horas, de minutos, o mejor para olvidarnos de las partes irreales del tiempo, el ciclo de cada respiración.

Si fuéramos conscientes que renacemos a cada nueva respiración, de que generamos vida constantemente, desearíamos que la navidad llenase nuestros poros en cada uno de los latidos que pulsan la magia de nuestra vida diaria.

¡Regálate navidad cada día!

 

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