En este artículo vamos hacer una reflexión basada en la experiencia personal sobre un concepto importante que se comenta mucho en el mundo del desarrollo personal y en el mundo de la espiritualidad: La aceptación. Pero quizás se trata desde una perspectiva idealizada: «Tienes que aceptar», como si emitiéramos el decreto y la aceptación apareciera por arte de magia (aunque el decretar la intención de aceptar es un paso previo, evidentemente, pero para nosotros, no suficiente.

Primero os contaremos una historia personal y después pasaremos a un texto de reflexión que hemos elaborado sobre esta temática.

Después de superar un Aneurismo de Aorta de forma milagrosa, me puse manos a la obra para recuperar el estado físico anterior al incidente. Quería volver a hacer las cosas que hacia (montaña, bicicleta, tenis de mesa, horas maratonianas de trabajo).

Aunque el primer año recuperé un tono físico que me permitía vivir con cierta normalidad, estaba muy lejos del estado físico objetivo que me había planteado. Me cansaba mucho, había actividades que no podía realizar como esperaba, y mi jornada activa se había reducido a la mitad. Aún así, continúe en mi empeño de volver a mi estado físico anterior.

Durante el segundo año mejoré bastante, aunque estaba lejos todavía de la expectativa que yo mismo me había planteado. Eso me generaba cierta fustración y desesperación.

Aunque estaba alegre de vivir y había aceptado «mentalmente» el incidente y que estaba mermado, quería recuperar las actividades que realizaba antes, de una forma muy parecida. Pero ahora solo podía practicarlas a medias, y algunas todavía no había podido reemprenderlas. Llegó un momento que me entro una desesperación importante y empecé a sufrir por forzar algunas actividades,…y ya no disfrutaba…hasta que me paré y puse en funcionamiento mi Sentir para ver que estaba pasando. Estaba claro que había algo que no estaba haciendo bien (era evidente que no acababa de aceptar mi nueva situación de forma integrada).

No basta con aceptar, llega un momento que hay que adaptarse

Trabajando un poquitín me di cuenta que existía una incoherencia en lo que había idealizado y lo que verdaderamente me apetecía hacer según el estado actual. Me empezaron a venir ideas sobre las adaptaciones que podía hacer en las actividades que me había planteado que todavía me llenaban para que dejara de sufrir: por ejemplo, bajar el ritmo de caminar, hacer periodos de descanso y caminar más prolongados, adquirir una bicicleta eléctrica, dejar de competir en tenis mesa y disfrutar del juego por jugar,… y ¡Voilà!, con estas adaptaciones, empecé a disfrutar muchísimo y dejar de sufrir. Se produjo una consolidación de la aceptación, de forma natural, por la decisión de adaptarme a la nueva situación. Y lo paradójico es que me di cuenta que en el fondo ya no me apetecía escalar montañas, ni hacer esfuerzos duros con la bicicleta, y que podía hacer igualmente travesías disfrutando del paseo y del paisaje aunque tardará el triple que antes, que más daba, si estaba disfrutando!…

 

Es evidente que mis necesidades vitales habían cambiado después del incidente y en el fondo no quería aceptarlo, ya que no me había planteado adaptarme a mi nueva situación sino que quería volver a hacer lo que hacía antes, pero eso no era lo que tocaba ya que yo no era el mismo. También es evidente que el proceso y el tiempo transcurrido me ayudó a tomar conciencia de lo que estaba pasando. No despreciemos que todo tiene su tiempo, su etapa de prueba y error para encontrar una solución adecuada.

Y ojo, adaptarse no implica que se deje de mejorar!

Por mucho que intentaba decretar mi aceptación, solo fue cuando tuve la decisión y tomé la acción de adaptarme realmente cuando se produjo la aceptación integral de la situación. ¿Y como lo supe? de nuevo la alegría, la paz y equilibrio en las actividades adaptadas que estaba realizando se instauró de forma natural, y dejó de importarme lo que hacía antes, aunque estaba super-contento de haberlo hecho.

Decretar la aceptación es clave pero no suficiente. La adaptación consolida el cambio requerido y nos ponen de nuevo en eje.

La aceptación es un factor clave en la realización y el avance de nuestro camino. Indica madurez. Indica honestidad y conocimiento de uno mismo y del entorno. La aceptación va ligada a la humildad vital que te sitúa con plena conciencia en medio del cambio, en medio de la diferencia. La aceptación es saberte situar en que momento, en que condiciones, con que recursos estás en tu vida. La aceptación es vivir en el presente y no quiere decir, para nada, abandonarse o resignarse. Es todo lo contrario. Es un empoderamiento que nos va a ayudar a autorealizarnos. Sin aceptación, sin comprender donde estamos, y porque y hacia adonde y de que manera nos vamos a mover, no puede uno llegar a la paz y el equilibrio. Aceptación es contraria a la ira, a la tristeza, al rencor, a la desesperación. La aceptación es amiga de la serenidad y el avance positivo, pues es valiente y nos va a permitir nuestro siguiente paso, el de la adaptación, a las nuevas circunstancias, al paso del tiempo, al nuevo entorno o a la transformación de nuestros seres de camino, de los que nos acompañan y a nosotros mismos.

Adaptación supone de decisión + acción.

Siendo conscientes de como estamos y sabiendo que no hay nada en nuestra mano que pueda hacer cambiar como son ahora las cosas y que lo único que puede cambiar somos nosotros mismos en adaptación y evolución, nos vamos a sentir más empoderados, y con fuerzas suficientes e incluso entusiasmo de continuar nuestro camino en ese nuevo presente que es un regalo. Si solo miras al pasado, si luchas por que nada cambie, no vas a poder seguir desarrollándote en tu línea vital pues vas a ser esclavo de quien tú ya no eres y vas a perder muchísima energía. Energía que podrías emplear en la fase de adaptación y construcción de tu nuevo camino de andadura vital. Si solo miras a la felicidad recreada del pasado, te pones freno a ser feliz en tu ahora, en tu mañana. Se capaz de mirarte frente a frente. Reconócete. Quiérete más, así como tu eres ahora. Agradece que está en tu mano poder adaptarte y avanzar a tu nuevo yo, a tu nueva circunstancia. Sigue en paz tu camino, deja fluir tu yo más auténtico, para que cree, invente y haga magia en tu día a día. La magia de saber disfrutar tu vida en cada momento, siendo quien tu eres, y aportando y recibiendo bocanadas de sinceridad que te llenan el alma. Si tu no te aceptas, tu no puedes aportar ni recibir. Siéntete lo mejor que puedas en las nuevas circunstancias.

Nada dará más paz que ser honesto con la vida y sus leyes, entre ellas el paso del tiempo, que implica inexorablemente cambios ajenos a ti mismo. Recuerda que tu tienes el poder de elegir el camino, siempre. Y lo que es más importante, con que alegría y convicción, vivenciarlo.

El poder de adaptación

Hay un paso previo de tomar conciencia, si o si, de que hay un cambio, y a partir de ahí, debe haber una voluntad de transformación. De ahí nace el poder de la adaptación, va ligada a un espíritu de superación y de darse y esforzarse a aclimatarse a las nuevas circunstancias. Quizás en algunos casos, el concentrarse en ese proceso de adaptación, puede ayudar a acabar «queriendo más» y aceptando la nueva circunstancia. Pero siempre será muy complicado, si no aceptas de que tienes que soltar algo de lo que eras. La adaptación, al ser una cosas práctica, te ayuda a meterte en el proceso de transformación. Pero siempre hay que aceptar que hay un cambio y debes emplear toda tu voluntad.
Una vez aceptas y te adaptas, volverás a saborear la alegría de vivir y la felicidad de ser coherente ante tu sentir y tu nueva situación. No retardes pues, en lo que puedas, tu proceso.

Es tan importante aceptar el cambio tanto para lo malo como para lo bueno.

Quizás la nueva situación puede ser más positiva (p.e. una eclosión de talentos, o una posición de reconocimiento externo, o un flujo de fortuna) pero nos puede llegar a abrumar. En este caso, debemos atrevernos a aceptar el reto y siempre adaptarnos a la nueva situación de forma coherente, de forma equilibrada.

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