Cuando vivimos el «despertar espiritual» muchas veces quedamos iluminados por una nueva visión de la vida que generalmente es muy diferente a lo conocido y que en primer instancia nos lleva a rechazarlo y a entrar en búsqueda de un nuevo entorno en donde tengamos cabida y nos sintamos integrados con nuestra nueva verdad.

A veces creemos que para realizarnos en nuestra nueva faceta, para desarrollar nuestro propósito, para aportar al mundo nuestro valor, debemos alejarnos de nuestro entorno, proceder a un cambio radical, romper con todo, iniciar una nueva vida.

Sin embargo no somos conscientes de que nosotros somos vida desde que nacemos. Somos esa vida y espíritu en un lugar, en un entorno, en una época concreta y lo que hacemos es avanzar, evolucionar, crecer, en ese entorno.

Mucha gente que descubre su interioridad o una faceta, digamos, más espiritual, descubre otra manera de ver el mundo, otro mundo y para encajarlo en su vida cree que debe cerrar puertas a sus vivencias anteriores y empezar de nuevo.Es como si se considerase una nueva persona. Y en realidad es una persona diferente porque mira con ojos diferentes al mundo pero precisamente por eso no es necesario, en la mayoría de casos, romper con todo. La madurez, la evolución, es seguir disfrutando de tu vida con tu nueva visión. Es como descubrir un nuevo mundo en tu mundo porque mil matices diferentes se apoderan de tu vivir. Ser capaz de moverte de manera diferente por ese mundo conocido y obteniendo por tanto resultados diferentes, pues el espíritu con el que has creado cada momento así lo ha sentido. Momentos plenos, con más conciencia, con vivencia enaltecida porque estas siendo más tú que nunca.

Hay tanta gente que no comprende esto y se va. Rompe con todo, deja el trabajo, deja la familia, en nombre de su nuevo «yo espiritual» o «mundo espiritual». Y no es que siendo esa nueva versión de ti no vayas a cambiar muchas cosas en tu entorno, así será sin duda. Cambiaran relaciones, perspectivas porque tú tendrás la necesidad de crear un mundo diferente. Eso no significa ir a buscar fuera ese mundo para tu nuevo yo. El decir adiós a tu vida actual de golpe es alejarte de ti mismo. Y esa necesidad de estar en búsqueda se confunde con un huir para encontrarse fuera, lejos.

En realidad la búsqueda se corresponde con la nueva visión de todo y tu manera de moverte y crear en tu día a día. Cuando entiendes esto, es mágico como encontrarás belleza y paz cuando quizás antes solo veías agobios y es asombroso como surge un cambio paulatino, pues surge de la vivencia de nosotros mismos, de forma natural, con nuestra nueva forma de vivir.

Quizás creas que tu propósito recién descubierto sea realmente viajar a la otra parte del mundo para realizarte con algo en concreto, pero piensa que sin duda, si tu alma ha escogido nacer donde lo ha hecho, tiene un sentido, seguro, que por lo menos debes de tratar de encontrar, comprender. No es que nada sea inamovible, si que es interesante que empezases a valorar y mirar con buenos ojos lo que tenemos, lo que nos rodea, lo que nos gusta y valoremos como podemos desarrollarnos en plenitud, aquí o allá. no importa donde estamos ni con quién estamos.

El cambio no es cambiar por fuera, de lugar, etc. El cambio se produce en mi, en mi estado, esa es la clave.Hacer una transición para crear mi mundo mejor en mi mundo actual. Es con el cambio de estado y no de lugar cuando descubramos una vida nueva. Lo contrario muchas veces es huir o enajenarse y las consecuencias en estos casos no son muy agradables: sentirse engañado, fustrado, por haberlo dado todo en muchos casos y sin embargo no haber encontrado.

Si mi propósito es ayudar a las personas, quizás no haga falta que líe el petate y vaya a la India. Puedo perfectamente desarrollar mi labor siendo la panadera del barrio pero desde una nueva perspectiva vital. No todos somos Teresa de Calcuta ni nos llena esa vida, porque cada uno tiene un Qué, un Valor que aportar. El aporte especial que se debe desarrollar para que el mundo tenga más sentido y funcione mejor. Y si me etiqueto de Teresa de Calcuta, si me enajeno, flaco favor le haré a mi sociedad y a mi, por supuesto.

Tú tienes tu propio nombre, tu propia misión. Comprende la grandeza de conseguir ser espiritual, es decir, que el espíritu sea quien te guíe e influya, en tu día a día, en ese día a día que conoces tan bien y que por fín vas a vivir de forma reluciente.

A veces, mientras más lejos miras, más te alejas de la mirada interior. Por tanto, mira cerca.

Vive tu experiencia. Disfruta, crea vida, y transforma tu mundo.

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