Cada vez que se daña la integridad de nuestro ser, de nuestro propio yo, nos rompemos en pedacitos. Aumenta la distancia y la desconexión entre nuestro pequeño yo (nuestro ego) y nuestra esencia (nuestro gran yo).

 

Nuestro pequeño yo se apuntala en nuestra día a día. Priorizamos nuestra proyección para satisfacer el mundo exterior en contra de sintonizar e implementar nuestro mundo interior. Nuestra mente no sabe distinguir su amo, sólo sigue órdenes sin importar su procedencia, pero nuestro SENTIR si que se resiente,… verdad que lo notas, ese resquemor, esa sensación que viene del fondo de tu ser que algo malo está sucediendo, que no es lo correcto, lo correcto para ti, aunque sea lo teóricamente correcto para el mundo. Nuestro corazón se tiñe con una nueva herida y se cierra un poquito más camino hacia la desdicha.

 

Cada vez que herimos la integridad de nuestro ser actuamos cada vez más desde el miedo del dolor. Empezamos a dejar de respetarnos y buscamos el respeto en el exterior, dejamos de valorarnos y buscamos la valoración de los demás, dejamos de amarnos y buscamos enloquecidamente que nos amen, no nos tomamos en serio nuestra sabiduría interior y dejamos las riendas de nuestra vida a la deriva de los designios del mundo ajeno, dejamos de ser nuestros propios amos para postrarnos ante los amos del exterior (y por ello nos encanta vivir en un planeta de “Jefes”).

 

Pero ¿en que ocasiones se daña la integridad de nuestro ser?. Principalmente, cuando se agreden algunos de los siguientes valores fundamentales sobre los que se sustenta:

 

AUTENTICIDAD. Cuando dejamos de ser nosotros y utilizamos máscaras constantemente en cada momento diferente, en cada circunstancia tipo, porque es lo convencional, por que es lo que se supone correcto, porque es lo que nos piden que hagamos.

 

HONESTIDAD. Cuando mentimos y manipulamos concientemente para conseguir algo que en el fondo no es esencial para nosotros. Todo ello facilitado por un mundo actual que se aplaude y enaltece a quien consigue  “lo que le dicen que ha de querer” respecto a lo que verdaderamente necesita o anhela en esencia.

 

COHERENCIA. Cuando producimos concientemente una desigualdad o desalineamiento en la cadena SENTIR=PENSAR=HABLAR=ACTUAR. Un mundo en donde además el SENTIR está olvidado o prohibido,  cuando es en verdad el eslabón fundamental y primogénito de la cadena de nuestro poder de creación.

 

TRANSPARENCIA. Cuando ocultamos nuestra verdad, nuestra sabiduría, nuestro SENTIR y dejamos de mostrar y expresar cuando más se requiere.

 

¿Cómo eres de Auténtico?
¿Cómo eres de Honesto?
¿Cómo eres de Coherente?
¿Cómo eres de Transparente?

 

Es fundamental recuperar la integridad del propio yo para recuperar nuestro poder personal. Para respetarnos. Para ser autosuficientes. Para ser independientes. Para amarnos.
Nuestro corazón y nuestra alegría de vivir depende de ello.

 

Algunas de las herramientas que disponemos y que facilitan el mantenimiento de nuestra integridad son:

 

AUTO-OBSERVACIÓN
DECISIÓN CONSCIENTE
ESCUCHA DE LA BRÚJULA INTERIOR
RECTITUD / DISCIPLINA
AMABILIDAD PARA UNO MISMO

 

Pero estos ya son cosas para otros artículos.