El cambio/transformación implica un desprenderse de algo, un romper que en la mayoría de los casos nos va a conllevar a algún tipo de dolor. Algo se desprende. Nos duele cambiar e implica modelar, recomponer nuestro interior para que pueda surgir lo nuevo, nuestra nueva versión. Lo visualizarás muy bien con la imagen del parto. Que mayor imagen que el romperse para generar vida. Lo grande del parto es que el dolor no importa y realmente es así. Lo importante es el resultado de la nueva vida. El proceso es natural.

Cuando te centras en “el para qué”, que supera todo lo demás, el dolor no es dolor, es un trámite necesario que sabes que pasa y que queda transcendido por la alegría de la consecución del acto de transformación. Lo más importante es la actitud, el enfoque. El alma que pones en el momento. Si además, te das cuenta, como así es, que todo tu SER te empuja y acompaña a animarte en el esfuerzo, tendrás mucho conseguido. Solo faltará tu voluntad y convencimiento.

Si por el contrario, te centras en el dolor en si, si te paras ahí, es cuando te resulta más difícil de transcender la vivencia en positivo y entras en sufrimiento, te estancas, dejas de oírte, dejas de priorizar tu fin, para quedarte en ese como que se te hace grande y eterno.

Respira, empuja, esfuérzate para parir la vida que mereces, que deseas. Rompe la placenta y sal. Rompe lazos, cordones umbilicales. Rómpete a jirones la piel, si hace falta, para poder respirar tu nueva vida, por todos los poros de tu nueva piel. Ya verás que los nuevos aires, la calidez del sol, te ayudará a cicatrizar las heridas. Rompe esa cáscara que te oprime y ábrete paso.

El esfuerzo debe partir de ti. Si te das cuenta que el impulso vital te acompaña, te será más fácil. Aprovecha las condiciones positivas que te brinda la vida para que des paso al cambio. Después sentirás la alegría de haberlo conseguido y olvidaras para siempre el dolor, pues es un impás transitorio, sino lo utilizas como excusa para estancarte en tus miedos y así finalmente no cambiar.

Focalízate en aprovechar la oportunidad, el aliento que te da la vida. El dolor pasa. El dolor contribuye a que la experiencia sea aún más memorable. Si sientes que tienes que efectuar el cambio es que estás preparado para afrontarlo y trascenderlo, no sin requerir voluntad, esfuerzo, disciplina, tiempo y actitud de superación del dolor.

Una vez transcendida la transformación, aparecerá el disfrute del gozo de la nueva vida, y ya no te acordarás del dolor, más bien lo bendecirás por ayudarte a seguir adelante en el proceso.

No temas pues al dolor en tu proceso de transformación, acepta su compañía ya que en el fondo ha venido a ayudarte.

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